sábado 31 de octubre de 2009

Noches las de aquellos días. Dave Douglas en el San Juan y otras historias

Duelo en la cumbre: Robert Latxague y Donny McCaslin
Foto: J. M. García Martínez
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Capítulo 1: Dave Douglas

El San Juan tiene muchas cosas: una historia, un bar a la entrada a euro la caña de cerveza; un festival que este año se dedica a Miles Davis, del que llevamos tres jornadas. Rebobinando.

Primero fue un concierto hermoso con el aforo a medias tirando a tres cuartos. Luego, uno que ni fu ni fa, pero más bien fu, con el personal como sardinas en lata. Y el tercero, este viernes, que lo tuvo todo, buena música y una entrada a tono con el acontecimiento. Protagonistas: Dave Douglas y sus secuaces, quienes fueron de menos a más, pero así es el Johnny y así son las gentes que lo habitan, que le sacan al músico lo que no tiene.
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En lo que a uno respecta, el susodicho interpretó una música esencialmente “bonita”; no se me ocurre otro calificativo más ajustado. Curioso: ni él ni quienes tocaron con él tenían la más remota idea del repertorio que iban a interpretar en su nueva gira europea hasta hace un par de días. Como aquel que dice, estaban subiendo a la escalerilla del avión en Nueva York cuando se pusieron a ello. Con esto que lo que escuchamos fue todo material nuevo y a estrenar. Algo que resulta difícil de creer ni de concebir. Pero así es el jazz, y así nos gusta.
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Es un consuelo en estos tiempos dar con alguien que todavía entiende esta música como una apuesta a ganador y colocado. Frente a él, quienes salen al ruedo previamente derrotados y son triste mayoría. El nuevo jazz que ha nacido viejo, o sea: ha tenido que venir un "semi veterano" como Douglas para recordanos que todavía hay quiense juega la vida sobre el escenario una noche sí y otra también. Los resultados, el viernes, saltaron a la vista, o al oído.

Capítulo 2: Lester Bowie

En Dave Douglas se comprenden todos los trompetistas que han sido en la historia del jazz. Anoche, por ejemplo, hubo momentos de puro Louis Armstrong –el Armstrong de los “All Stars” y subsiguientes- y hasta un Lester Bowie tan escasamente maquillado como nada obvio.

En conversación que tuve con el trompetista, pendiente de salir publicada en el periódico en el que colaboro, éste me hizo llegar su admiración por el “doctor” a quien, sin embargo, no conoció. Nada tiene de raro, pues, que, escuchándole, se me viniera a la cabeza “aquella” noche. La noche que siguió a la primera vez en que Lester Bowie pisó suelo ibérico, acompañado por Roscoe Mitchell, Joseph Jarman, Malachi Favors y Don Moye-“Art Ensemble of Chicago”, recién editado su “Nice Guys”; y el estupor que produjo la “mise en scène”, que desconocíamos absolutamente. En ninguna de las ulteriores visitas del sexteto se produjo un clima parecido al generado en aquella ocasión. Y llegó la noche…

Uno recuerda teniendo junto a uno a Bowie, hallándonos ambos y algunos otros sentados en torno a una mesa de corta estatura, en un rincón oscuro del Balboa Jazz Club de la calle homónima; viéndose uno y otros en la necesidad de refrenar los impulsos del trompetista, empeñado como estaba en acudir al coso de Las Ventas con ánimo de sumarse a la banda del lugar. Por suerte, los “gin-tonics” con los que regamos generosamente la tertulia obraron el efecto que se les atribuye y Bowie se contentó con incorporarse al conjunto del club, que dirigía la cantante Connie Philp, según creo recordar, con quienes interpretó la versión más delirante de “La Chica de Ipanema” de la que existe testimonio grabado. Una cinta de casete que servidor atesora y nunca ha dado a conocer, porque nadie se lo ha pedido.

Capítulo 3: Donny McCaslin

Donny McCaslin es un tipo entrañable y un intérprete de categoría, lo que pudo derivarse de todas y cada una de sus intervenciones a lo largo de la noche. Para muchos, el larguiducho saxofonista nacido en California y residente en Nueva York, fue el auténtico protagonista, más aún que el propio Dave Douglas.

Conocí a McCaslin en circunstancias bien particulares. Él, en su estado habitual, como músico en ejercicio, formando parte del conjunto del guitarrista Fernando Tarrés; servidor ejerciendo de presentador improvisado en programa doble, ante un auditorio de varios miles, en el teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires. Una coyuntura de la que salí milagrosamente bien parado y me valió la popularidad -efímera pero gozosa- entre la muy generosa afición bonaerense.

Nuestro segundo encuentro tuvo como escenario el foyer del colegio mayor, y como testigo, a Robert Latxague, viejo amigo, a quien el lector conoce por sus afiladas crónicas en Jazz Magazine. Remito al lector a la instantánea adjunta en la que puede verse a ambos celebrando el record de visitas que ostenta desde el viernes Dave Douglas, con sus cinco apariciones consecutivas en el “Johnny”, el cava y las copas de puro cristal de Bohemia por gentileza de S. M. Alejandro Reyes.

Tras despedirnos los dos amigos de quien nos acaba de proporcionar tan gratos momentos sobre el escenario, marchamos raudos a disfrutar de los esplendores de la noche madrileña no sin antes comprobar, aunque sin sorpresa, que a la tarde había sucedido la correspondiente noche. La Providencia que guia los pasos de los habitantes de la noche nos condujo hasta el “Bar Metropolitano”, fundado en 1936, y próximo al lugar donde antaño alzábase el campo de fútbol del mismo nombre en el que vivió sus primeros años de gloria el club Atlético de Madrid. En semejante lugar de alcurnia indiscutible, que su risueña nueva propietaria ha devuelto a su antiguo esplendor, el Bar Metropolitano, digo, disfrutamos de una nueva noche de música, surrealismo y confesiones a la Ribera del Duero, se me entienda. Sin Lester Bowie, pero con la Tuna de Informática y Empresariales de la Universidad Autónoma. Sin “La Chica de Ipanema”, pero con “La Mer”, de Charles Trénet, en versión de guitarra y mandolina que los tunos interpretaron en algo parecido al idioma francés, en honor al ilustre visitante. Grandes momentos en la historia de la Humanidad. La vida, o sea.

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viernes 30 de octubre de 2009

Dave Douglas en vivo y enlatado

foto: J. M. García Martínez


DAVE DOUGLAS EN DISCO
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Dave Douglas & Keystone: “Live in Sweden” (Green Leaf Music, Indigo)

De él se dice que es el más europeo de los músicos de jazz norteamericanos. En “Live in Sweden” –grabado el 28 de octubre del 2005- Douglas rinde tributo al cómico Roscoe Arbuckle, “Fatty”, figura tragicómica del cine mudo cuya carrera se vio truncada tras ser acusado de la violación y asesinato de una joven “starlet”, Virgina Rappe. Aquí, el trompetista y su quinteto interpretan un repertorio “ad hoc” que incluye la “Fatty and Mabel Adrift Suite”. Atención: este disco solo se vende por Internet y en tiendas especializadas. Una auténtica edición para coleccionistas en papel rigurosamente reciclado.
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Dave Douglas & Keystone: “Moonshine” (Greenleaf, Universal)

Buster Keaton se ha tomado un ácido y toca la trompeta en Nueva York con un conjunto de jazz. Prepárate para una aventura psicodélica-esotérica-heavy-jazzística con las imágenes de los “films” de Keaton de fondo. Douglas y sus secuaces -mucho ojo a este tipo, DJ Olive- concilian lo inconciliable: al Keaton con el Miles eléctrico y el Sun Ra alucinógeno. Por alguna extraña razón, la mezcolanza suena coherente.
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(ambas críticas publicadas en El País)
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ESTA NOCHE, EN EL COLEGIO MAYOR SAN JUAN EVANGELISTA (MADRID)
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Dave Douglas Quintet: Dave Douglas, trompeta; Donny McCaslin, saxos; Uri Caine, Fender Rhodes; Matthew Penman, bajo; Clarence Penn, batería

Colegio mayor San Juan Evangelista. Avda. Gregorio del Amo, nº 4.
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21:00 h. Precio: 20€.
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"Un Día Más, Un Disco Más" cumple 1 año

miércoles 28 de octubre de 2009

De nuestra corresponsal en Aviñón: The Sidney Bechet Memory All Stars


¿Qué puede hacer un grupo de estudiantes con poco dinero una aburrida tarde de vacaciones en un pueblo del sur de Francia?

Sí, lo habéis adivinado, ir a un concierto de la Sidney Bechet Memory All Stars en la Ópera de Aviñón.

Armados con nuestras entradas de las de "mira-que-lindo-es-el-techo" en una mano (la vida del estudiante es dura...), y un programa prometiendo una "sonoridad mítica" en la otra, allí nos encaminamos ayer noche en búsqueda de un poco de ritmo y buena música.

Silencio, telón. Una nota resuena en el aire, seguida de un saxo soprano en manos de Alain Marquet, que se marca una especie de swing-rumba-contorsionismo al ritmo de los aplausos del público. Poco a poco se va sumando el resto de la orquesta, que incluye a tres antiguos miembros del conjunto del mismísimo Bechet, Pumy Arnaud a la batería, Christian Azzi al piano y Alph Mas al contrabajo, y a otros dos "recién llegados", Olivier Franc al saxo soprano y Benoît de Flame al trombón.

Comienzan las presentaciones, empezando por el invitado de honor: el saxo soprano de Marquet, que resultó haber pertenecido a Su Señoría Bechet y fue recibido entre ovaciones y exclamaciones de admiración. Continúan anunciando su repertorio, que hace honor al nombre del grupo, aunque hay una alarmante desproporción en favor de los temas compuestos en Francia. Por qué será.

Por fin el grupo ataca el segundo tema y aprovecho para mirar a mi alrededor, y entonces me doy cuenta de dos hechos fundamentales.

Uno, que, si bien la edad media del grupo ronda los 75, cosa comprensible por lo demás dado que los compañeros de Bechet ya trasteaban con él allá por los cincuenta, la edad media de la audiencia debía rondar los 80, y siendo generosos. Y, allá arriba al fondo, henos los únicos cuatro por debajo de los 60.

Y dos, que, exceptuando las contorsiones de Marquet, debía de haber una competición secreta de a-ver-quién-aguanta-más-tiempo-tieso entre los músicos y el público, cuya encarnizada lucha me tuvo en vilo hasta el final, aunque no tengo muy claro quién ganó puesto que allí no se movió ni dios. Alguno seguía el ritmo con un dedito; los más osados usaban la mano entera. Póngase un fondo musical de jazz de Nueva Orleans y entenderán mi desconcierto.

Que sí, que lo sé, que después de dos años en Francia parece que no aprendo, pero qué quieren, a mi si me ponen música bailable me entran ganas de bailar, así de “especialita” soy. Me habré equivocado de concierto. O de país.

Pese a todo, la noche fue absolutamente deliciosa y allí estuvimos los cuatro jóvenes descocados bailando y sonriendo ante las miradas reprobatorias de nuestros vecinos de asiento. Y, aunque hay que admitir que la sonoridad no era demasiado mítica y que las improvisaciones sonaban más bien "provisadas", disfrutamos de dos horas de ritmo y buena música, que era exactamente lo que habíamos ido a buscar. Jazz y buena compañía, ¿qué más se puede pedir?
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Sara García Hernández

la autora
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lunes 26 de octubre de 2009

Raynald Colom

Hoy en El País
Chema García Martinez
Entrevista a Raynald Colom, "Música con tripas y corazón"

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Ron Carter y la caricatura de Ron Carter. Don Herbie, el del Grammy


El extraño destino de los hijos de Miles Davis
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Miles Davis les reunió y Miles Davis les despidió. Ron Carter, Herbie Hancock y Wayne Shorter siguen hoy entre nosotros, felizmente. Sus respectivas carreras musicales han tomado caminos muy distintos, un tanto acomodaticios, en el caso de los dos primeros; todo lo contrario, en el del saxofonista.

A sus 76 años, Wayne Shorter se enfrenta cotidianamente al Gran Reto planteado por su antiguo empleador y maestro. El de tocar “una música más allá de la música”. Sin embargo, es el único en hacerlo.

El concierto que ofreció Ron Carter en el colegio mayor San Juan Evangelista el pasado sábado fue apenas una broma de mal gusto. Música hipotensa y autocomplaciente ("Sir Charles" dixit), una caricatura de lo que el mismo Carter interpretaba junto con Shorter, Hancock y Tonny Williams en sus tiempos de mayor gloria (como muestra, escúchese al contrabajista en “Miles in Berlin” -Sony B0007OP2C0-). De la versión de “Flamenco Sketches “con interludio de castañuelas, mejor no hablar. Lo mejor -lo único bueno-, el lleno hasta la bandera. Como en los mejores tiempos del Johnny.
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Don Herbie, el del Grammy


Herbie Hancock, Wayne Shorter Quartet. Polideportivo de Mendizorrotza.
Charles Lloyd Quartet. Teatro Principal.
Martes 15, 32 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz

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Un desvaído Hancock
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De acuerdo. A Herbie le han dado un Grammy y a Wayne no. Se siente. Y como tiene un Grammy, Herbie toca detrás y Wayne delante. Nada que objetar, salvo que el espectáculo de la estrella de la jornada resultó demasiado largo, mientras que el de su predecesor resultó demasiado corto. El de Hancock fue un recital desvaído, falto de continuidad y criterio. En muchas de sus partes, un verdadero tostón; en otras, una versión en pobre de The Joni letters. Cuestión de posibles: uno se da el gusto de reunir a los músicos más caros del mercado porque puede pagárselo y la cosa no funciona porque el batería y el bajista -todo un Dave Holland- no se entienden entre sí y, además, está el guitarrista Lionel Lueke, siempre dispuesto a introducir la nota inapropiada en el momento inoportuno.
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Sin rumbo
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Luego estaban
las chicas. Sonya Kitchell cantó a Joni Mitchell -All I want- como si hubiera un agente de la antedicha apuntándole por la espalda, y Amy Keys un bastante más convincente A song for you, de Leon Russell. De Hancock se supo más por los chascarrillos que, maldita la gracia, por sus ejecuciones al piano. En algún sentido, el ex niño prodigio se ha convertido en la antítesis del músico de jazz. Una estrella demasiado vociferante en un mundo de hermosos perdedores que no necesitan disfrazarse de tales. En total, fueron dos horas y media vagando sin rumbo para volver a donde siempre, a los clásicos (Cantaloupe Island).
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Del ansiado encuentro entre el pianista y su ex colega en el quinteto de Miles Davis, Wayne Shorter, ni noticia; total, ¿para qué? El saxofonista nos había dejado el mejor sabor con su recital tan corto como contundente; como lo fue el del también saxofonista Charles Lloyd, encargado de inaugurar el ciclo Jazz del Siglo XXI a sus 70 años. Dos veteranos dispuestos a todo. Lloyd, versión Monsieur Hulot, con su sonido de mírame y no me toques y su versión de Rabo de nube (Silvio Rodríguez) que deja en ridículo al original. Luego Shorter, que eleva a rango de ley su aversión a dar al respetable lo que éste le pide. Su minirecital del martes fue la demostración de que otra "fusión" es posible, la que reúne el jazz con la llamada "música contemporánea".

(publicado en El País 17/07/2008)
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domingo 25 de octubre de 2009

Lecturas insólitas: jazz y medicamentos


¿Qué tienen en común Wynton Marsalis y el Derecho Farmacéutico?. La solución en “Medicamento. Utopía y realidad”.

Manuel Amarilla, abogado, penalista, criminólogo y notable aficionado al jazz, explica todo lo que exige una explicación en torno a los asuntos de la farmacopéa en un volumen ciertamente insólito que su autor ha dividido en 2 partes: “Galería de Cronopios, Famas y Esperanzas en el sector farmacéutico” y “Reflexiones con Wynton Marsalis”. La perplejidad que produce ver reunidos en un mismo texto a Marsalis y a Esperanza Aguirre, un suponer, se desvanece a poco que el lector profundiza en la lectura de las 318 páginas cuyo contenido aparece movido por la sana militancia del padre de la criatura. Ni la actual Presidenta de la Comunidad Madrileña, "Tita E.S.P.P.E." para el autor, ni la mayoría de quienes han ostentado algún cargo relacionado con la materia objeto del volúmen, con alguna excepción, salen bien parados. Lo suyo, toda vez que Amarilla contempla el mundo, su mundo, con los ojos bien abiertos y, si no, ahí tiene a Wynton, para corroborar sus opiniones. Una ficción, por supuesto, pero ¿a quién le importa?.

Manuel Amarilla: “Medicamento. Utopía y realidad” European Pharmaceutical Law Group. Madrid, 2009
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sábado 24 de octubre de 2009

Jazz y cine: una obra maestra

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No te preocupes por el ayer: ha pasado...

No te angusties por el mañana: aún no llega...

Vive, pues, sin nostalgia ni esperanza:

tu única posesión es el instante.

(Omar Jayyam "Las Rubayat")

My man dont love me

Treats me oh so meanMy man he dont love me

Treats me awfully

Hes the, lowest man

That Ive ever see

He wears high trimmed pan

Stripes are really yellow

He wears high trimmed pan

Stripes are really yellowBut when he starts in to love me

Hes so fine and mellow

Love will make you drink and gamble

Make you stay out all night long repeat

Love will make you drink and gambleMake you stay out all night long repeat

Love will make you do things

That you know is wrong

But if you treat me right babyIll stay home everyday

But if you treat me right baby

Ill stay home everyday

But youre so mean to me baby

I know youre gonna drive me away

Love is just like the faucetIt turns off and onLove is just like the faucet

It turns off and on

Sometimes when you think its on baby

It has turned off and gone

Billie Holiday and Mal Waldron All Stars. Roy Eldridge, Doc Cheatham (tp); Vic Dickenson (tb); Lester Young, Ben Webster, Coleman Hawkins (st); Gerry Mulligan (sbar); Mal Waldron (p); Danny Barker (g); Milt Hinton (b); Osie Johnson (bt); Billie Holiday (vc).

"The Sound Of Jazz" (CBS-TV). Nueva York, 8 de diciembre de 1957.

viernes 23 de octubre de 2009

Cuaderno de notas. Dave Liebman


Un vals o un funky “deconstruido” o directamente destrozado. El cuarteto “Different but the same”, que ese es su nombre, interpretan una especie de “free a la Monk”. Se me entiende.

Dave Liebman & Ellery Eskelin. La anti “tenor battle”. ¿Alguien ha reparado en el asombroso parecido del último con el dibujante Rober Crumb?

Eskelin: look sesentero, tendencia a apagar el sonido de su instrumento, un saxo tenor descolorido proveniente de un pasado muy remoto / Liebman: sport elegante, instrumento reluciente, un grito en las tinieblas de una música singular y poderosa.

En “The Forth Wall”, Liebman-Eskellin interpretaron el silencio más largo en la historia del San Juan Evangelista. Diez segundos en los que pudo escucharse el eco lejano de una motocicleta circulando por los alrededores. Un silencio de vértigo, sobrecogedor, carente de los prescindibles argumentos teóricos que adornan otros silencios de mayor predicamento entre la grey melómana (Cage). En el camerino, Liebman explicando al ignorante: en el teatro, se le dice la “cuarta pared” al público. Pues eso.

Dave Liebman flota sobre una música libre. Pocas veces se le ha podido ver tan feliz. ¡Qué admirable coraje el de este ilustre veterano!. La brillantez de de sus intervenciones no oculta el riesgo de una apuesta que muy pocos en su lugar hubieran aceptado.

“The Blessing” (Ornette Coleman). Un respiro de “cool” en un programa apretado de emociones.

Guillermo Bazzola las pilla el vuelo: esto es una versión de “Cuarteto para el Fin de los Tiempos” de Olivier Messiaen. Y lo era.

Dave Liebman es ahora David Liebman. Por lo demás, sigue siendo el mismo tipo entrañable y accesible de siempre.

Hace tiempo que ya no rugen los tambores. Bazzola y servidor recorremos los entresijos de la “catedral del jazz” sin un alma, en apariencia. De repente, un grito angustiado proveniente de los camerinos que desgarra el aire colegial como un cuchillo afilado . Allí están quienes nos han acaban de regalarnos con su música haciendo corrillo y, en medio, Juan José González, sacando de paseo los arcanos del compás flamenco. A grito pelado, a su estilo. One, two, three, four… this is a seguiriya. Ellery Eskelin, incrédulo, rueda el suceso cámara de mano.

El San Juan, o sea.


C. M. San Juan Evangelista, 22 octubre 2009
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Nueva Orleans en el corazón

Chris Jordan: "In Katrina's Wake: Portraits of Loss from an Unnatural Disaster" 2005
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"La huella del desastre sigue ahí. Solo tienes que asomarte al callejón de atrás para comprobarlo."
(John Scofield)
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Gracias a Ernesto Walfisch
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jueves 22 de octubre de 2009

!Todos al Johnny!


Hoy en El País-Madrid: Chema García Martínez, "El "Johnny" reabre sus puertas"
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miércoles 21 de octubre de 2009

Un año sin Bogui

Dick Angstadt "Un Año Sin Bogui" en http://www.tomajazz.com/
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lunes 19 de octubre de 2009

La vuelta al cole



Una big band de jazz es mucha gente tocando jazz. Big bands de jazz hay muchas. La arkestra de Sun Ra o la orquesta de Count Basie. Ahora, las big bands de jazz las subvencionan o no hay modo y, gracias a eso, todavía podemos escuchar algo así de vez en cuando.

Esta Big Band de Canarias patrocinada por el Gobierno de idem tiene la particularidad de ser la formación de su estilo situada más al Sur de Europa. El sábado, sus diecisiete integrantes se hicieron el camino a la capital de la nación con Iberia, con lo que les perdieron algún instrumento y les abollaron algún otro. Los riesgos del oficio.

La "BBC" suena como se supone que debe sonar una big band de jazz, y si no, allá estaba el venerable Dick Oatts para poner al díscolo en su sitio y marcar el camino a quien, por edad, tiene tendencia a escaparse por la primera a la derecha. Tocan un repertorio fresco y no convencional, dentro de la convención, con un Tango del Hierro y un arrorró tan canario como el inmortal pasodoble “Islas canarias”, de José María Tarridas, letra de Juan Picot. Personalmente, el estilo que imprime Oatts a la formación, aún siendo impecable en su factura, no me mata. Pero, claro, es una opinión.

Lo importante: que la "BBC" tuvo el honor de inaugurar la nueva temporada del San Juan tras todo lo que pasó y lo que, felizmente, no pasó, que cerraran el colegio, por ejemplo (véanse entradas correspondientes en este blog). Y todo para encontrarse con un patio de butacas sin apreturas y con claros. ¿Dónde estaban todos aquellos que clamaban venganza contra los que "enemigos” de una institución cultural que forma parte de la historia de nuestro país?; ¿dónde, aquellas multitudes que se desparramaron por el teatro y los jardines del Querido Edificio en noche reivindicativa y multitudinaria al grito de "no nos moverán"?.

En el San Juan, el sábado, desde luego, no.
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sábado 17 de octubre de 2009

Notas a un "showcase". Melody Gardot, Madrid, 6 octubre 2009



Orange Café, 21. 30 h. El ruido magnífico de Wolf Eyes (ver entrada correspondiente al lunes 5 de octubre de 2009) todavía resuena en mis oídos. Y, de repente, Melody Gardot. No sé dónde estoy ni que hago aquí.

La primera diva fotofóbica en la historia del jazz y, a su vera, un trío de intérpretes tan jóvenes como ella. Tocan bajito. Del "noise" al "silence"; imposible imaginar un contraste mayor.

La nueva chica en la oficina tiene personalidad y estilo, una música resultona, un poco monótona a la larga, claro que es una opinión. Me pegunto por qué las nuevas divas se empeñan en interpretar su propio repertorio. Me pregunto muchas cosas. La audiencia del nuevo siglo tiene derecho a su propia épica, supongo.

Se habla de Diana Krall y de Madeleine Peyroux y se olvida a quienes las precedieron. Maria Muldaur o Phoebe Snow, la primera “nueva diva”/“anti diva” de la historia. Su primer disco llamado como ella, junto a Zoot Sims, Teddy Wilson, Chuck Israels…, resulta hoy tan conmovedor como el primer día.

Sobre el escenario, M. G. fuma y bebe (vino tinto en copa larga) y no tiene pelos en la lengua. Me gusta esta chica.

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En la rueda de prensa (hotel Meliá Princesa, miércoles 7 de octubre, 13. 00 h., con retraso), M. G. promete respuestas estúpidas para preguntas estúpidas. Soy el primero y el único en formular una pregunta lo suficientemente estúpida como para mover a una respuesta en el mismo tono. Sin embargo, el ofrecimiento de convertirme en su amante potencial, atendiendo a la peticion de la artista la noche anterior, no es atendido por la misma. Alguien se me ha adelantado.

Vestido negro de una pieza, impermeable blanco de diseño, minifalda de vértigo, medias de rejilla. Un cruce de piernas que quita el sentido. Melena rubia, labios rojos, gafas negras; un pequeño lunar situado estratégicamente bajo el labio inferior. Bastón negro, zapatos de aguja, uñas de color negro. Un anillo simulando la cabeza de un águila recubre el dedo anular de su mano derecha.

M. G. creció escuchando música polca y a Perry Como, lo que explica muchas cosas.

Enamorada de las canciones de Caetano Veloso. Canta “Over the Rainbow” aunque reconoce que en realidad no había necesidad de volverla a cantar. Recuerda su vida anterior al accidente de una manera muy vaga. El piano ha sido su mejor terapia.

La música es como el sexo. Si estás con alguien y funciona, no necesitas dormir con nadie más.

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fotos del autor

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martes 13 de octubre de 2009

Sonny Rollins, porque sí


foto: Coral Hernández


Como si nada de lo ocurrido entre medias hubiera tenido lugar. Vuelve “el hombre”. Sonny Rollins, macho-man, “Saxophone Colossus” para los restos. El hiper-mega-saxofonista regresa a Gasteiz dos años después. Quienes vivimos la noche de aquel día (15-VII-2006) no necesitamos justificación para volver a Mendizorrotza a sudar la camiseta, puesto que de eso se trata. Escuchar a Sonny Rollins es un deber patriótico para todo aficionado al jazz, y un tributo necesario a quien ha contribuido como pocos a engrandecer la leyenda del género.


Theodore Walter Rollins (Harlem, 1930) puede presumir de haber vivido en el filo de la navaja como "el hombre que no le teme a nada", en palabras del también saxofonista Barney Wilen. Un lobo solitario con la capacidad de transformarse en un ser distinto a cada nuevo paso; asomarse a su vasta obra discográfica tan poco convencional produce vértigo.


Autor de una docena de obras maestras imprescindibles, Rollins -un improvisador exuberante donde los haya- ha escrito su propia historia del jazz en torno a la duda metódica, a menudo atormentada. Cada disco, una sorpresa; cada movimiento, una inspiración: “Sonny Rollins era nuestro colega pero era algo más que eso: nuestro guía. Miles dijo que era el dios de las nuevas generaciones y era cierto” (Jackie Mclean).


Durante un tiempo estuvo retirado de la vida pública, poniéndose a prueba, tocando el saxofón al aire libre, frente al mar, o en los bajos del puente de Williamsburg, en Nueva York; probando a escucharse por encima del ruido generado por los automóviles circulando por encima de su cabeza. Visto desde la perspectiva precisa, su trayectoria artística constituye una incesante huída de sí mismo o, si se quiere, un “proceso de liberación” que le ha llevado a despojarse de lo accesorio para centrarse en lo primordial. Como Johnny Carter en “El Perseguidor” (Julio Cortázar, 1959), Rollins toca la música de mañana, hoy. Como Miles Davis, este afable hombretón se ríe a mandíbula batiente de quienes van tras él pretendiendo que toque lo ya tocado. Porque para eso están los discos: para apartar a los pelmazos.


Semejante proceso de depuración no solo musical ha convertido al esteta en un “contador de historias” mezcla de charlatán y seductor, un “hlaïqui”, como los que pueblan la plaza de Jemaa el Fna, en Marrakech. Su mayor afán hoy es el de transmitir a sus semejantes un mensaje conciso, meridiano y bailable, para decepción de algunos, y regocijo de una mayoría. Su música actual es el resultado perfectamente coherente de una vida intensa de búsqueda. Lo que ha perdido en elucubración lo ha ganado en concisión, en inmediatez. Sonny Rollins sigue siendo apabullante, de un modo distinto. Lo vivimos en Gasteiz, con el personal moviendo el esqueleto y la crítica, o un sector de a misma, echando pestes. A estos, ni caso.


Hoy, Rollins es un navegante solitario que ha quedado varado en una pequeña comunidad rural del estado de Nueva York, de donde le sacan de cuando en cuando para tocar ante su público, no importa dónde. Lo último que sabemos de él es que ha negado la autorización para la edición en disco del concierto de celebración del 50 Aniversario de su primera aparición en el Carnegie Hall: “me gustaba todo, menos mi interpretación”. Genio y figura.


Polideportivo de Mendizorrotza
18 de Julio (Viernes) 2008 · 21.00 horas, 40 €

SONYY ROLLINS
Sonny Rollins, saxo tenor
Clifton Anderson, trombón
Bobby Broom, guitarra
Bob Cranshaw, bajo
Kobie Watkins, batería
Kimati Dinizulu, percussion
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sábado 10 de octubre de 2009

Lecturas recomendadas: Ildefonso Rodríguez, "El jazz en la boca"


El librito tiene algunos años, puesto que fue impreso en Burgos, en 2007. “El Jazz en la Boca” es una cosa rara que se le mete a uno en los entresijos, como se le mete la música de aquellos a los que Ildefonso Rodríguez admira, y con quienes ha tocado, Butch Morris, por ejemplo, y cómo olvidarse de aquella tarde con ambos, Ildefonso y Butch + la orquesta F.O.C.O., en la madrileña Casa Encendida (Festival Hurta Cordel).
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Observador de los sonidos cotidianos (consciente de ellos), amante del azar, músico-pensador, este leonés de 57 tacos se viene con este libro de impresiones, casi greguerías, que son la música y la palabra reunidas y cada una por su cuenta; música del instante, palabras que siguen a la música y se acercan al Gran Misterio, sin conseguirlo. Y son las manos y los oídos de Ildefonso Rodríguez, "músico de fiestas de pradera, bodas, conciertos, performances y jam sessions".
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Soy músico, en origen, por el saxo tenor y por el jazz y nada más que por eso. Ahora mi tarea es ser un músico más orgánico: he ampliado los instrumentos (clarinetes, guitarra, trombón de pistones, flautas, algo de percusión) y cuando toco música improvisada los modifico, preparo híbridos, hago injertos; aprendo a tocar el gamelán de las cosas pequeñas; y procuro oír dentro de mí las estelas de todas las músicas posibles.
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Lo que sigue es una pequeña muestra recogida al puro azar –muestra improvisada, al fin y al cabo- de lo que se contiene en las 215 páginas de "El jazz en la boca".
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Después de un concierto sudoroso, un conocido me reprochó el que insistiese en tocar una música tan intelectual. Cómo puede llamarse intelectual a alguien en plena actividad sudorosa. Franco, Pinochet (por poner algunos) eran grandes intelectuales. (Aunque, también es verdad, el sudor no es una prueba de nada).

Yo me esfuerzo por expresarme con algo que suene como avellanas tiernas, de leche.
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La improvisación me parece el estado natural de cualquier instrumentista.

"Jazz": esa palabrita que empieza por jota y termina por zeta; mejor no hablar de ella.

El más negro de todos los boleros se llama "Strange Fruit".
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En la improvisación se oye el pensamiento, como Ulises oyó sus pensamientos en el canto de las sirenas.

Parker hizo ley de lo inestable: tocó contra sí mismo y contra su doble, abriéndose a la angustia.

Art Pepper. Tocaba así y fue desgraciado. Tuvo más ira que cualquier poeta beatnik. Pero siempre hubo razón en su arte y convite bajo su parra.
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La improvisación debe poner, por encima de todo, el oído, que, a su vez, no pone más reglas que las de su propia actividad formal instantánea: ordena y desordena mientras la mano sigue tocando. Es el sendero del oído. La improvisación libre hace más largo y zigzagueante el sendero; lo lleva al laberinto (laberinto interno); allí los nombre sobran, se suceden los hechos musicales con tal vértigo e indeterminación que sólo el oído del instante es capaz de reaccionar ahí.
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Definición de músico: alguien adiestrado para distinguir en el mundo los intervalos de tercera mayor y tercera menor; y para confundirlos después
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Ildefonso Rodríguez: "El jazz en la boca". Editorial Dossoles. Burgos, 2007

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jueves 8 de octubre de 2009

La Macanita: para comérsela



Qué quieren que les diga. A mí estas cosas me fascinan. Véala el lector, La Macanita, tan pequeña que uno diría recién destetada y ese tronío, y esa forma de torcer el gesto, el cómo se coge la falda, su mirada, su llevar el compás, que así no hay modo; y esa voz que se quiebra donde debe quebrarse, y cómo podía saber esas cosas la puñetera, a su edad.

Este video que trae Joaquín López Bustamante (*) a “Jazz y Otras Hierbas” lo tengo visto en el capítulo que “Rito y Geografía del Cante” (TVE) dedicó a los niños cantores, género temible que, fuera del jazz, ha dado a Shirley Temple y a Joselito, entre otras monstruosidades. Servidor lo fue, niño cantor, siendo miembro de la Escolanía de Nuestra Señora del Recuerdo, aunque mucho me temo que ni de lejos hubiera podido competir con la gitanilla de marras, ya me hubiera gustado.

La cosa es que el jazz también ha tenido sus “macanitas”, esos limpiabotas preadolescentes a los que vemos en las películas añosas dando lustro a los cueros con un ritmo que ni se diga; el mismo Louis Armstrong fue un niño prodigio, en sus tiempos de joven músico-delincuente recorriendo las calles de Nueva Orleans. En estos tiempos del jazz tecnificado, uno tiene visto a Birelli Lagrene, gitano él, en el Festival de Jazz del Mar del Norte, año de 1985, trepando por una guitarra tamaño el doble que su persona, oculto tras la misma, su manita asomando de cualquier modo para llegarse a las cuerdas. Y, como él, otros, no muchos: Emily Haddad, mini-cantante poco mayor que la Macanita cuando se vino a cantar al Festival de Jazz de Vitoria (1990); o Félix Rossy, trompetista adolescente al que puede escucharse arrimando el ascua de su instrumento a la sardina paterna, dícese por el muy ilustre Jorge Rossy. Son artistas por naturaleza. Lo suyo, lo han heredado de sus padres.

Y si la pequeña Haddad, hija de músico, ha desparecido del mapa, no ocurre lo mismo con Lagrene ni con la niña Macanita convertida en la “señá” Tomasa Guerrero, quien sigue ahí, a pie de tablao, y con disco nuevo: “Solo por eso” (Nuevos Medios), producido por Ricardo Pachón. A uno, que no es entendido en la materia flamenca, ni pretende serlo, este disco le gusta a rabiar. Será porque el flamenco de La Macanita le sabe a antiguo, que no a rancio; o porque encuentra en su voz ecos de otros tiempos, y un “savoir-faire” (permítaseme la expresión tan poco flamenca) que no halla en la expresión de la mayoría de las cantaoras, ni de los cantaores, en ejercicio. Y es que, la que tuvo…


(*) Joaquín López Bustamante, “Ximo” para los amigos, es director de la muy recomendable publicación “Cuadernos Gitanos”. Para más información, puede visitarse la Web del Instituto de Cultura Gitana http://www.institutoculturagitana.es/


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martes 6 de octubre de 2009

"Estamos como queremos"

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Chema García Martínez: "Estamos como queremos"

Con todo lo que hay que saber sobre la actual Ministra de Cultura, los Presupuestos Generales del Estado y la próxima gira de Diana Krall por nuestro país y por qué Alberto Ruiz-Gallardón es una bendición para el jazz en Madrid

http://www.cuadernosdejazz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=373
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lunes 5 de octubre de 2009

Notas a un concierto de Wolf Eyes. Madrid, 4 octubre 2009



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Ruego silencio a toda esa gente que es incapaz de escapar a la tecnología
Keith Jarrett, L´Auditori, Barcelona. Martes 21 julio de 2009

!Más ruido!
Anónimo, La Casa Encendida, Madrid. Domingo 4 de octubre de 2009

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Esos bajos indefinibles/indefinidos que uno siente más que escucha. El edificio de La Casa Encendida tiembla en sus cimientos.

Traspasar la barrera del sonido, su sustancia. Todo –las normas de lo musical- se diluye…

El NOISE de Wolf Eyes es fuego incandescente. Una experiencia física dolorosa que se vive con gozo.


Saturación del espacio sonoro. Un sonido atronador, poderoso. Todo queda reducido a una pulsación rítmica primaria. Imposible saber quién hace qué.


La voz, que no la palabra. Los oídos me zumban…


La música de Wolf Eyes trastoca la forma de percibir el hecho sonoro. La intensidad de su mensaje llega al límite de lo humanamente soportable. Un antecedente: “John Coltrane Last Performance at Newport” (Free Factory, Distrijazz)


Ruido según el Diccionario de la Lengua Española:

todo sonido no deseado por el receptor.


aquel sonido que no contiene información clara que el receptor no es capaz de identificar, individualizar o comprender.


Sonido inarticulado y confuso, o que carece de timbre definido.


La música de Wolf Eyes anula cualquier otra. Escuchar nada que no sea Wolf Eyes resulta, simplemente, inconcebible.


En el recuerdo, el concierto de John Zorn & Moon Child en Joy Eslava, Madrid 2008 (crónica en este mismo blog 23 de enero de 2009)

los efectos de la música de Wolf Eyes sobre el público asistente al concierto

foto: J. M. García Martínez

Wolf Eyes, Nathan Young (electronics, metal, harmonical, voices); John Olson (electronics, metal, saxophones, gong); Mike Connely (electronics, metal, guitar, voice)

Madrid, 4 de octubre de 2009. La Casa Encendida, "Experimentaclub ´09".


Para más información:
WOLF EYES & ANTHONY BRAXTON - Black Vomit (VICTOCD099)

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foto: J. M. García Martínez

jueves 1 de octubre de 2009

Stefon Harris: la entrevista perdida

foto: J. M. García Martínez


Es el niño bonito del nuevo jazz. Un músico respetado y querido por todos, lo que no es tan frecuente como pudiera parecer: “no es mérito mío”, confiesa Harris, “solo he tenido un poquito de suerte y los mejores maestros”.

Stefon Harris (Albany, Nueva York, 1973) visitó la ciudad de Vigo para actuar en el XIV Ciclo de Jazz de la Fundación Pedro Barrié de la Maza al frente su grupo Blackout que reúne a un poderoso baterista de rap y hip hop (no por nada conocido como “El tanque”) junto a un variopinto elenco de jazzistas de última hora y el propio Harris tocando el vibráfono y la marimba: “la idea del grupo consiste en no tener ningún tipo de convicción acerca de lo que es el jazz”, declara Harris, “pensar que tradición es igual a respeto al pasado es una contradicción en sí misma. Porque Charlie Parker no tocaba como Louis Armstrong, ni John Coltrane como Sidney Bechet. La verdadera tradición del jazz es la innovación. El jazz es un reflejo de nuestro pueblo tal y como es hoy y no como fue en el pasado”. Una lección que Harris aprendió de uno de los grandes: “un día recibí la llamada de Max Roach diciendo que quería escucharme. Se puede imaginar que perdí el culo para llegarme a la audición y, una vez allí, toqué lo que supuse que le gustaría escuchar, un poco de bebop. De repente Max me interrumpió muy enfadado: “!no se te ocurra volver a tocar esa mierda delante de mí en tu puta vida!”. Aquel día entendí que, si quería llegar a algún sitio, debía ser siempre yo mismo “. Hoy nadie duda de que Stefon Harris es él mismo. Un jazzista llegado al jazz por casualidad: “la gente piensa que porque seas afroamericano conoces el jazz, pero no es cierto. Si no has nacido en una gran ciudad, no vas a tener muchas oportunidades de escucharlo. En mi caso, yo crecí escuchando música europea y mi primer trabajo fue en una orquesta clásica”. Más singularidades: el mejor vibrafonista del jazz contemporáneo no demuestra un apego excesivo por su instrumento. “toco el vibráfono solo porque era el único instrumento que estaba disponible. No quiero ser el mejor vibrafonista de la historia, en realidad paso del vibráfono. Yo estoy en otro rollo. Como estudiante de la forma artística, soy un buscador de la belleza y me obsesiona entender cómo están organizados los sonidos y cómo se traducen en emociones. Necesito saber cómo tocar un acorde que “huela” y que hable de amor o de terror, o de celos... siempre digo que la interpretación está sobrevalorada. Una cosa es la interpretación y otra la música”.

En su última entrega discográfica, sin Blackout, el vibrafonista rinde homenaje al gran Duke Ellington. “Ante todo, “African Tarantella” no es un disco de versiones. Lo que hago es mezclarlo todo: las piezas de Ellington y mis propias influencias, un vals, un ritmo africano o un blues…”. Con su nuevo disco, Harris reivindica la vitalidad de un género que algunos se empeñan en salvar: “no necesitamos a los salvadores del jazz. Si estuviéramos hablando del canto gregoriano, entonces sí tendríamos que preocuparnos, pero el jazz puede incluirlo todo, el canto gregoriano y el rap, todo junto. El jazz se adapta a todo y esa es una de sus virtudes principales”.
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(publicado en El País mayo 2009)


foto: J. M. García Martínez

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