sábado, 21 de abril de 2018


Hoy, en El País Brasil

O coração brasileiro de Silvia Pérez Cruz


Silvia Pérez Cruz, el pasado miércoles, en el club Blue Note Rio
foto: JMGM

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sábado, 7 de abril de 2018


Los años vividos junto a Cecil Taylor


En Club de Jazz

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martes, 27 de marzo de 2018

martes, 20 de febrero de 2018


POR EL CULO O LA INMORTALIDAD


Ney Matogrosso: un fenómeno más allá de la razón y de lo razonable

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martes, 6 de febrero de 2018


João Gilberto en Madrid

Desde el otro lado de la trinchera


Recuerdos del concierto de Joao Gilberto en las Fiestas de San Isidro. Madrid (1985)

Desde que le escuche, siendo niño, he seguido el ARTE de Joao Gilberto con profunda admiración. Su música límpida y original me cautivo y  me incitó  a explorar posteriormente los caminos del Jazz. Por eso, cuando en aquel Julio de 1985 se anuncio que  actuaría en las "Fiestas de San Isidro" de Madrid, me agencie rápidamente unas entradas. Cuando llego el día y la hora del concierto,  Joao Gilberto no apareció en el escenario y comenzó una  larga espera... A los 10 minutos  empezaron los primeros pitos del público.... a los 15 minutos y con la canícula pegando de frente,  comenzó  un pateo general... Lentamente fueron pasando los minutos: 20, 25, 30, 35 minutos..."joder con ese loco h` de p` que no aparece"... 40...45 ¡¡¡45 minutos es medio partido de fútbol!!!... Con los ánimos  caldeados, el público parecía que iba a echar abajo las gradas del "Conde Duque". De repente sube al escenario   el cantante brasileño afincado en Madrid, Jaime Marques, que intenta calmarnos con explicaciones que no se las cree ni él mismo. Hay que recordar que en esos años no existían los teléfonos móviles o celulares.... Han pasado 50 minutos. "¡Que devuelvan el dinero!"  gritan algunos. Otra vez sube  Jaime Marques para anunciarnos que en solo 5 minutitos el maestro estará en el escenario e intenta renovar nuestro ánimo con un "ya veréis que la espera habrá valido la pena". Dice que ha habido un retraso de un vuelo y que Joao ha hecho un verdadero esfuerzo por cumplir con su compromiso. Sigue la cuenta: 55 minutos y no aparece. 56, 57, 58... y se cumple la hora enterita. Mis amigos Ismael y Marcela ya no pueden mas y se quieren marchar. Si Joao Gilberto pudiera escuchar lo que se dice y piensa de él en ese espacio, seguro que no vendría. Estamos en primera fila ; pero las sillas, que son pequeñas y duras matan a cualquiera. Estamos cuadrados, sudados y cansados... Cuando se rebaza bastante más de la hora de retraso,  aparece un señor con pinta de profesor de matemáticas  que cruza el escenario y  es recibido con una sonora  pitada y algunos aplausos de cortesía de parte de sus fieles.

El inmenso escenario es austero: hay una silla, un  par de micrófonos, unos baffles,  y  Joao Gilberto con su guitarra.  Nada más.

Sin dirigirse al público, Joao se sienta  y saca a relucir su incontable gama de tic ante el hipercabreadísimo publico, que puesto de pie  le seguía pitando. Tarda varios minutos en acomodar sus atuendos: la chaqueta, los puños de la camisa, los micrófonos, la silla, el pantalón, la guitarra, las gafas, el pelo. En ese momento, muchos pensábamos que el concierto pendía de un hilo, porque si  le seguían abucheando, y a  Gilberto se le cruzaban  los cables, se marcharía de allí y el concierto se iría al carajo. Por eso, los fieles aplaudíamos y  pedíamos silencio. En eso estábamos, cuando se oyeron las primeras  notas de la guitarra que se mezclaron en el aire  formando un todo  perfecto con su  voz. En ese instante, los pitos se transformaron en aplausos y un silencio reverencial se apodero del lugar. El maestro, que vestía zapatillas deportivas y chaqueta formal, como para ir a comprar el pan por la mañana, estaba  concentrado en lo suyo y así, con la cabeza gacha y mirando el suelo,  fue creando y recreando sus archiconocidas canciones de las  que ya nadie se quería perder ni un susurro. Pronto, los espectadores, nos dimos cuenta de que aquella música hipnotizadora que se estaba esparciendo por el cielo madrileño, tenía una belleza sublime que no olvidaríamos  jamás. He aquí la prueba…. Al final, habíamos tenido la suerte de ver algo más que  a un músico; habíamos visto a un ARTISTA extraordinario que había buscado la "belleza perfecta" para sus canciones en ese lugar... ¡Grande Joao!

By ©Kuto 

Reproducido con permiso del autor


Publicación original:


Grabación original del concierto:


viernes, 2 de febrero de 2018




El cantante y guitarrista João Gilberto inhabilitado por sus hijos

La lenta agonía del “inventor de la bossa nova”

La historia finaliza en el momento en que, Bebel Gilberto, cantante y compositora, se presenta a las puertas del domicilio de su progenitor, el también cantante y guitarrista, João Gilberto, acompañada de un funcionario judicial. En sus manos, la notificación oficial de la sentencia por la que se le otorga el control de los bienes y las cuentas del susodicho. Durante 2 horas, Bebel esperará a ser recibida por su padre, sin conseguirlo. Volverá al cabo de los días, con idéntico resultado.

La incapacitación de quien ha sido santo y seña de la música y la cultura brasileñas, pone el punto final a un drama sórdido como pocos. Brasil, el mundo entero, contiene la respiración. “¿Cómo hemos llegado a esto?”, se pregunta Marcelo, dueño de un kiosco de prensa en un barrio del Sur de Rio de Janeiro. “Es como si hubieran declarado loco a Pelé”.


Los orígenes del drama

Para entender lo ocurrido, se hace necesario viajar lejos en el tiempo.

João Gilberto forma parte del núcleo fundacional de la bossa nova que cada noche toma al asalto el apartamento de Danuza y Nara Leão, en Copacabana. “João Gilberto implicava quando ouvia passarinhos cantando”, escribe la primera en sus memórias. “Passarinhos, segundo ele, são, muito desafinados”. La anécdota muestra lo que, para algunos, como Zuza Homem de Mello, cronista musical y amigo personal del cantor, es el síntoma de un deseo por la perfección más allá de cualquier límite: “mi imagen de João Gilberto es la de un quijote luchando por afinar un universo inevitablemente desafinado”.

Poco después, el cantor conmocionaría el mundo de la música con su interpretación de “Chega de saudade”, original de Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes, editada como “samba-canção”, y considerada la primera interpretación de bossa nova de la historia. “Aquel disco cambió la vida a varias generaciones”, recuerda Homem de Mello. “Sin él, no existirían Caetano (Veloso), Gilberto (Gil) o Chico (Buarque)”.

De Rio de Janeiro a Nueva York, la noche del 21 de noviembre de 1962. La presentación en sociedad de la bossa nova ha reunido al “todo Manhattan” en el Carnegie Hall neoyorquino. Minutos antes de salir a escena, João Gilberto entra en pánico. Su participación en el evento pende de un hilo, o de una raya. La de su pantalón. Finalmente, todo quedará en un susto… para la organización del evento.

Vendido en Brasil como referencia simbólica –“la música brasileña conquista el mundo”- el concierto del Carnegie Hall fue un fracaso de dimensiones colosales, lo que no impidió que algunos de los intervinientes –Mendes, Jobim, el propio Gilberto- salieran del mismo con la decisión tomada de establecerse en los Estados Unidos.

Un año más tarde, Gilberto, regresará a los estudios de grabación junto con su, por entonces, esposa, la cantante Astrud Gilberto para un tête-à-tête con el saxofonista de jazz Stan Getz.  El disco, conteniendo las interpretaciones canónicas de “Corcovado” y “Garota de Ipanema”, sacudirá los cimientos de un mercado dominado por la beatlemanía, no importa que Astrud Gilberto no fuera, exactamente, la mejor cantante del mundo. El pianista Chick Corea pasaría a formar parte del cuarteto de Stan Getz al poco tiempo: “de algún modo, el éxito del disco fue una maldición para sus 2 protagonistas”.

Getz, al que la bossa nova convirtió en el músico de jazz mejor pagado de la historia, invertirá lo ganado en la compra de una mansión en un barrio distinguido de Nueva York, a la que prenderá fuego en una noche de vino y algo más que rosas; por el mismo precio, vivirá un sonado romance extraconyugal con la señora de Gilberto, y seguirá recibiendo sustanciosos royalties a cuenta de sus interpretaciones de bossa nova. Con una particularidad: el saxofonista, que muy pronto eliminaría cualquier referencia a la bossa nova en su repertorio, detestaba el género.

Coincidiendo con la edición de “Getz/Gilberto”, João Gilberto va a reclamar ante la justicia su derecho a recuperar la propiedad de las matices originales de sus 3 primeros discos que su antigua compañía discográfica, Odeón, retiene para sí. El cantor se dice víctima de una conspiración internacional a cuyo frente se halla la reina de Inglaterra. La batalla no ha hecho sino empezar.


De gira

Septiembre de 2003. Cláudia Faissol, miembro de la jet carioca sin oficio conocido, solicita autorización del artista para acompañarle en su gira por Japón y rodar un documental de la misma. Por dónde, regresaría de Japón con un hijo del artista en sus entrañas y sin film, que se sepa.

El círculo de allegados del artista distingue un antes y un después de Cláudia Faissol en la vida de JG. No para bien, precisamente. “De la noche a la mañana, el trato con João se torno insoportable”, recuerda Homem de Mello. “Parecía que todo le incomodaba, el negocio, el público… cualquier cosa, el menor ruido, le sacaba de quicio.”

Resulta difícil establecer en qué momento las salidas de tono, las extravagancias, pasaron a ser el síntoma de lo que terminó siendo diagnosticado como un “trastorno obsesivo-compulsivo”… “pero también es cierto que son muy pocos los que, a lo largo de éste tiempo, han tratado de entender a João. Él es un artista, como lo era Thelonious Monk, a quién también llamaron loco… pero los artistas no están interesados en la vida como nosotros. Para ellos, todo lo que no sea arte carece de importancia” (Homem de Mello).

El comportamiento imprevisible de Gilberto dentro y fuera del escenario hará que su prestigio profesional se resienta. Consecuencia de ello, los más importantes agentes internacionales tachan su nombre de los books. Para ellos, João Gilberto es un capítulo cerrado. Es así que el guitarrista y cantante no actúa en público desde 2008.

Será Cláudia Faissol quien venga a sacar al maestro de su ostracismo, con una gira de alto standing por 5 ciudades de Brasil con la que se pretende celebrar sus 80 años. La expectación generada supera todo lo previsible. A cambio de su participación, el artista va a recibir 1 millón de reales como adelanto sobre los ingresos de taquilla. João Gilberto ha cambiado, se asegura…

Días después de anunciada la gira, la empresa organizadora, Maurício Pessoa Produções, anuncia la cancelación de la misma por “problemas de salud” que no se especifican. Tras reclamar en vano al artista la devolución del dinero adelantado, Pessoa recurrirá a los tribunales obteniendo de los mismos una sentencia favorable a sus intereses. Con él, los varios empresarios locales a quienes la cancelación de la gira ha llevado a la quiebra. Muy en su papel, Faissol acusa a las autoridades de la nación de inacción, al haber dejado sin atender un “bien inmaterial de la cultura brasileña y mundial”. Homem de Mello lo ve claro: “fue en ese preciso momento cuando percibí nítidamente que el asunto ya no tenía vuelta atrás”.

A fecha de hoy, Mauricio Pessoa sigue esperando a que el dinero adelantado le sea devuelto.


Los años obscuros

Apesadumbrado, Gilberto contempla como su patrimonio musical es manipulado por compañías discográficas de todo el mundo en forma de reediciones poco escrupulosas. Ya no es sólo la reina de Inglaterra: es el universo en su conjunto que conspira contra él. Todos, menos Cláudia Faissol, su compañera sentimental a cuyo cargo se encuentran ahora las finanzas del artista. Faissol convencerá al susodicho para dejar su pleito con Odeon, ahora Emi-Odeon, en manos del banco Opportunity, propiedad del polémico Daniel Dantas. Por medio del acuerdo firmado entre el artista y la institución financiera, el primero va a vender a la misma el 60% de los derechos autorales sobre sus 3 primeros discos, y ésta va a tomar para sí la disputa judicial que se arrastra por más de 20 años. A cambio, el artista percibirá un adelanto de 5 millones de reales sobre un total de cerca de 200 millones que, se calcula, podrían corresponderle caso de sentencia a su favor, descontando la sustanciosa comisión que, supuestamente, se ha reservado Faissol para sí misma. La nueva estrategia va a dar sus frutos.

En 2013, le es concedido al artista el derecho de uso de los masters originales de sus 3 primeros discos, aún cuando la propiedad de los mismos continúa siendo de la grabadora. En las oficinas de Opportunity se relamen ante la perspectiva de una campaña publicitaria por tv al máximo nivel. Sólo falta un último detalle: Gilberto debe dar su autorización a la remasterización de los mismos llevada a cabo por un equipo de expertos.

Una foto filtrada a los medios, muestra al artista en su suite del hotel Copacabana Palace atendiendo el interfono en pijama de rayas. Gilberto, se dice, apenas viste otra ropa que esa. Apenas unos cuantos miembros de su entorno más cercano tienen acceso a su sancta sanctórum.  La comida le es depositada por un camarero a las puertas de la habitación. No concede entrevistas, no habla con nadie, no permite ser visto por nadie. Se rumorea que pasa el tiempo dedicado a repasar obsesivamente los masters de sus primeros discos… los abogados del cantor advierten: se hace necesario que retome su actividad pública para aligerar el déficit de sus finanzas. Desde Opportunity, se sigue a la espera el visto bueno del artista para liberar sus grabaciones con fines publicitarios, “lo que también es un asunto de su interés”, insisten. Pero incluso los hijos del artista, tan reacios a nada que tenga que ver con su nueva compañera sentimental, instan al artista a dar su brazo a torcer... la respuesta, en todos los casos, es la misma: nada.

Ante la realidad de los hechos, Opportunity decide cortar el alquiler del ático estudio de grabación que ha alquilado para el artista. Fuentes de la discográfica aprovechan la coyuntura para exponer su punto de vista: ni João Gilberto es el gran vendedor de discos que se supone, ni existe incumplimiento por su parte: “el dinero por los discos siempre ha estado a disposición del artista, sólo que él no acudía a retirarlo”.

Gilberto ha pasado a vivir en un apart-hotel, en el barrio carioca de Leblon. La misteriosa desaparición de diversos objetos valiosos en su apartamento del artista, da pié a un nuevo cruce de acusaciones entre las partes en litigio. Faissol responde a las críticas: fue ella la que puso a la policía sobre aviso. Ambas partes dicen actuar movidas por la preocupación por el estado físico y financiero del artista. La opinión pública sigue sin saber a qué carta quedarse…

Apartadas sus diferencias, los hijos del artista encargan una investigación del estado de las finanzas de su progenitor. El resultado es un Himalaya de pendencias, reclamaciones por impago, incomparecencias en juicio y hasta 3 órdenes de desahucio. En total, Gilberto adeuda 160.000 reales, sin contar los 1.5 millones r como consecuencia de los conciertos no realizados. La opinión pública busca respuestas: no se entiende cómo Gilberto ha podido dilapidar una fortuna que ni siquiera consta haya llegado a sus manos realmente.

Mayo de 2017. Un grupo de bomberos irrumpe en el apartamento del artista ante la falta de noticias por su parte. En pocos días, Gilberto debería viajar a los Estados Unidos para recibir el título de Doctor Honoris Causa en Música por la Universidad de Columbia (lo acabaría recibiendo su hija menor, Luisa, en su nombre). João Marcelo, que ha acudido al lugar de los hechos, encuentra a su progenitor “violado emocionalmente” y “visualmente agitado”.

La prensa sensacionalista publicará una última foto del artista en su apartamento, acompañado por su hija Bebel, “cuando todavía le abría la puerta”, se aclara en el reportaje. El cantor, visiblemente avejentado, esboza algo parecido a una sonrisa. Éste es el retrato de un futuro cadáver”, sentencia Homem de Mello.

El diario Folha de São Paulo, en su edición del 18 de noviembre de 2017, anunciaba la incapacitación judicial del artista, cuyas cuentas han pasado a ser administradas de facto por su hija, Bebel, a la espera de la comunicación de la sentencia al afectado. Mientras tanto, Opportunity y Emi-Odeon afirman haber obtenido “triunfos significativos” en el litigio que enfrenta a las 2 entidades. Por dónde, Cláudia Faissol , hasta ahora aliada de Dantas-Opportunity, ha pasado a criticar las actuaciones de la entidad bancaria en el proceso. Un asunto del que parecen haberse desentendido Bebel y João Marcelo, tanto como el propio João Gilberto. Encerrado en su apartamento del barrio de Leblon, con la única compañía de la luso-mozambiqueña Maria do Céu Harris, el “inventor de la bossa nova” espera un milagro. La vida sigue.

Chema García Martínez



Los actores del drama

João Gilberto Prado Pereira de Oliveira, guitarrista y cantante, 86 años.

João Marcelo Gilberto, productor musical, 56 años. Hijo de João y Astrud Gilberto.

Bebel Gilberto, cantante, 51 años. Hija de João Miúcha.

Cláudia Faissol, empresaria, 45 años. Madre de Luisa Carolina Faissol Gilberto de Oliveira, de 13 años.

Maria do Céu Harris, portuguesa, de origen mozambiqueño, 52 años. Actualmente,  comparte piso con el artista.

Daniel Valente Dantas, empresario, 63 años.


En portugués:




Farolito

Fue en pleno boom de la movida madrileña. João Gilberto vino para actuar en el cuartel del Conde Duque. El “tout Madrid” estaba ahí. Yo estaba con João en el camerino, él venga a cantar con su maravillosa dulzura, y yo sintiéndome en el cielo, cuando nos avisan de que es hora de salir a escena. Entonces, me dice: “quiero que escuches una canción que he preparado en español”. Y comienza a cantarme Falorito”, de Agustin Lara, al oído: “farolito que alumbras apenas mi calle desierta...” y yo, derretido de emoción. 

Cuando termina, le comento que su dicción es perfecta; “el público te va a agradecer muchísimo el detalle”, le digo. Y él me insiste: “¿pero lo digo todo bien?, ¿también esta parte?...”, y me vuelve a cantar “cuántas noches me has visto llorando llamar a su puerta sin llevarle más que una canción...” estaba preocupado con las zetas. Yo le decía: “de verdad, João, está perfecto”; y él me insistía: “¿pero estás seguro?”. Y volvía: ”farolito que alumbras apenas mi calle...”, y yo le volvía a decir que su versión era perfecta, “pero vamos ya al escenario, por favor”, y él me volvía a cantar la canción cada vez más al oído… yo estaba empezando a ponerme nervioso, pero no había modo de convencerle, una y otra vez me cantaba “Farolito”, y el público, que comienza a impacientarse, los primeros gritos, silbidos.... 

Había pasado media hora y me había cantado más de diez veces “Farolito”… vino el regidor, los de Seguridad, los del Ayuntamiento, y hasta Almodóvar, que estaba entre el público. Le pedí que dijera 4 palabras para calmar a la gente y lo único que conseguimos es que le silbaran a él también. Total, que cuando conseguí llevar a João al escenario, había pasado más de una hora. Y cuando creí que estaba todo resuelto, resultó que aún faltaba una cosa: el apoyo para el pie derecho. Como me dijo: “no país da violão, João Gilberto não poderia cantar sem “acelerador”. Finalmente, el concierto fue un éxito monumental… incluyendo la versión de “Farolito”.


Javier Estrella, fundador del festival de Jazz de Madrid

viernes, 26 de enero de 2018


Escribo sobre Lula


El dúplex del tríplex

Reflexión fuera de temporada en torno al futuro expresidente Lula

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