domingo, 15 de julio de 2018




Adolfo Montejo apresenta “Poemática” no Centro Municipal de Arte Hélio Oiticica do Rio de Janeiro



Mostra coincide com a macroexposição dedicada ao septuagenário Victor Arruda no Museu de Arte Moderna do Rio, de curadoria do próprio poeta e artista plástico




jueves, 14 de junio de 2018


SOBRE JAZZ E RIO DE JANEIRO

No próximo sábado, às 9:00 da manhã


sábado, 21 de abril de 2018


Hoy, en El País Brasil

O coração brasileiro de Silvia Pérez Cruz


Silvia Pérez Cruz, el pasado miércoles, en el club Blue Note Rio
foto: JMGM

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sábado, 7 de abril de 2018


Los años vividos junto a Cecil Taylor


En Club de Jazz

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martes, 27 de marzo de 2018

martes, 20 de febrero de 2018


POR EL CULO O LA INMORTALIDAD


Ney Matogrosso: un fenómeno más allá de la razón y de lo razonable

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martes, 6 de febrero de 2018


João Gilberto en Madrid

Desde el otro lado de la trinchera


Recuerdos del concierto de Joao Gilberto en las Fiestas de San Isidro. Madrid (1985)

Desde que le escuche, siendo niño, he seguido el ARTE de Joao Gilberto con profunda admiración. Su música límpida y original me cautivo y  me incitó  a explorar posteriormente los caminos del Jazz. Por eso, cuando en aquel Julio de 1985 se anuncio que  actuaría en las "Fiestas de San Isidro" de Madrid, me agencie rápidamente unas entradas. Cuando llego el día y la hora del concierto,  Joao Gilberto no apareció en el escenario y comenzó una  larga espera... A los 10 minutos  empezaron los primeros pitos del público.... a los 15 minutos y con la canícula pegando de frente,  comenzó  un pateo general... Lentamente fueron pasando los minutos: 20, 25, 30, 35 minutos..."joder con ese loco h` de p` que no aparece"... 40...45 ¡¡¡45 minutos es medio partido de fútbol!!!... Con los ánimos  caldeados, el público parecía que iba a echar abajo las gradas del "Conde Duque". De repente sube al escenario   el cantante brasileño afincado en Madrid, Jaime Marques, que intenta calmarnos con explicaciones que no se las cree ni él mismo. Hay que recordar que en esos años no existían los teléfonos móviles o celulares.... Han pasado 50 minutos. "¡Que devuelvan el dinero!"  gritan algunos. Otra vez sube  Jaime Marques para anunciarnos que en solo 5 minutitos el maestro estará en el escenario e intenta renovar nuestro ánimo con un "ya veréis que la espera habrá valido la pena". Dice que ha habido un retraso de un vuelo y que Joao ha hecho un verdadero esfuerzo por cumplir con su compromiso. Sigue la cuenta: 55 minutos y no aparece. 56, 57, 58... y se cumple la hora enterita. Mis amigos Ismael y Marcela ya no pueden mas y se quieren marchar. Si Joao Gilberto pudiera escuchar lo que se dice y piensa de él en ese espacio, seguro que no vendría. Estamos en primera fila ; pero las sillas, que son pequeñas y duras matan a cualquiera. Estamos cuadrados, sudados y cansados... Cuando se rebaza bastante más de la hora de retraso,  aparece un señor con pinta de profesor de matemáticas  que cruza el escenario y  es recibido con una sonora  pitada y algunos aplausos de cortesía de parte de sus fieles.

El inmenso escenario es austero: hay una silla, un  par de micrófonos, unos baffles,  y  Joao Gilberto con su guitarra.  Nada más.

Sin dirigirse al público, Joao se sienta  y saca a relucir su incontable gama de tic ante el hipercabreadísimo publico, que puesto de pie  le seguía pitando. Tarda varios minutos en acomodar sus atuendos: la chaqueta, los puños de la camisa, los micrófonos, la silla, el pantalón, la guitarra, las gafas, el pelo. En ese momento, muchos pensábamos que el concierto pendía de un hilo, porque si  le seguían abucheando, y a  Gilberto se le cruzaban  los cables, se marcharía de allí y el concierto se iría al carajo. Por eso, los fieles aplaudíamos y  pedíamos silencio. En eso estábamos, cuando se oyeron las primeras  notas de la guitarra que se mezclaron en el aire  formando un todo  perfecto con su  voz. En ese instante, los pitos se transformaron en aplausos y un silencio reverencial se apodero del lugar. El maestro, que vestía zapatillas deportivas y chaqueta formal, como para ir a comprar el pan por la mañana, estaba  concentrado en lo suyo y así, con la cabeza gacha y mirando el suelo,  fue creando y recreando sus archiconocidas canciones de las  que ya nadie se quería perder ni un susurro. Pronto, los espectadores, nos dimos cuenta de que aquella música hipnotizadora que se estaba esparciendo por el cielo madrileño, tenía una belleza sublime que no olvidaríamos  jamás. He aquí la prueba…. Al final, habíamos tenido la suerte de ver algo más que  a un músico; habíamos visto a un ARTISTA extraordinario que había buscado la "belleza perfecta" para sus canciones en ese lugar... ¡Grande Joao!

By ©Kuto 

Reproducido con permiso del autor


Publicación original:


Grabación original del concierto: