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sábado, 7 de enero de 2012

José Luis Guitérrez


“A corazón abierto”

Los vieneses tienen los valses, nosotros tenemos a José Luis Gutiérrez inaugurando el año en el Café Central (hasta el domingo). Con la ventaja de que José Luis no nos pone en el dudoso trance de acompañar la “Marcha Radetzky” dando palmas. Aquí, lo que se le pide al personal, es que agite el llavero al ritmo de “Dónde están las llaves”, en versión calipso: la sombra del Sonny Rollins es alargada y para algo José Luis toca el saxo. No es ésta la única sorpresa de un recital en el que puede escucharse el corazón del artista latiendo apresurado, al ritmo de “Carros de fuego” (!). A tal efecto, el interfecto se aplica un fonendoscopio a su cuerpo, el cual se halla conectado a un artefacto que amplifica la gama de sonidos inauditos que producen sus entresijos, los cuales utiliza a modo de telón de fondo para su improvisación. Habrá quien esto le suene a esperpento, boutade... lo que verdaderamente causa asombro es la capacidad de J. L. para integrar cuanto encuentra a su paso en un discurso coherente y personal. Con esto que el tiempo nos ha dado la razón a quienes apostamos por el vallisoletano contra la opinión de la crítica bienpensante.

José Luis es, hoy, un músico maduro, valiente, capaz de asumir los plenos poderes protagonistas cuando, como es el caso, estrena cuarteto; y, todo ello, sin dejar de hacer una música perfectamente inteligible. Jazz con raíces: del pasodoble-jazz a lo que podría definirse como una aproximación al “afro-universalismo” de “Art Ensemble of Chicago”, en versión castellano-leonesa; lo que su autor define como la perfecta “ensalada de frutas”. La música de J. L. tiene la cualidad de hipnotizar al oyente. Será por eso que a él se le consienten cosas que a nadie más se le consienten.

Publicado en El País, 6 enero 2012

viernes, 9 de enero de 2009

Jose Luis Gutierrez pensativo...

José Luis Gutiérrez fotografiado por Elena Begué
Bonito blog amigo, bonitos comentarios también, la vida va pasando y tu y yo seguimos remando a favor de corriente con algún remolino que otro que nos despierta.
Gracias amigo Chema por ayudar a remar
José Luis Gutiérrez

Los 37 de José Luis Gutiérrez

José Luis en el Festival de Jazz de Soto del Real 2004
foto: Coral Hernández
Lo de ayer, jueves, que José Luis cumplió los 37 sobre un escenario, el del madrileño Café Central, y el respetable que le cantó el “cumpleaños feliz” en versión que no pasará a la historia por sus valores musicales, pero bueno.

Conozco a JL desde hace años, muchos. Cuando se vino de Valladolid y sacó aquel “Núcleo” que a algunos puso les pelos de punta y a algunos nos hizo salir de las trincheras para ir en su defensa cual Daoíz y Velarde sacando los cañones a la plaza del pueblo. Aquellos tiempos en que Federico González y servidor ejercimos de conspiradores frente al establishment jazzístico en nuestros desayunos semi-clandestinos en un hotel almeriense en el que estábamos alojados por alguna razón. JL, su música, era uno de nuestros temas favoritos; apoyarle constituía un deber implícito a nuestra condición de críticos en edad de merecer y con ganas de tocar los bajos a algunos. Federico se nos fue y yo tengo algunos años más (aunque me conservo estupendamente), incluso JL tiene algunos años más, y un hijo, que me conste; y una esposa amante, que me consta, y una cuenta corriente saneada, y casa en el campo.

Uno vio a JL anoche tan sobrado, tan vallisoletano, el mismo que alguna vez fue la “bestia negra” de nuestro jazz convertido en un respetable miembro de la comunidad del jazz. Viéndole, resulta difícil explicar lo que ocurrió en aquel entonces. Acaso JL nunca fue un vanguardista, o sí lo fue, a su modo, cuando mezclaba a Coltrane y a Agapito Marazuela, cosa que sigue haciendo, aunque se lo calle. Otra cosa es que JL nunca se ha disfrazado de nada que no sea él mismo. Y otra, que ha cambiado mucho, para bien.

Hoy JL se contenta con hacer una música incuestionablemente bonita. Música sin adjetivos y con bastantes pronombres y sustantivos elocuentes. Ha vestido su discurso con los ropajes de lo que alguno definiría como la “madurez expresiva”, se ha sacudido el pelo de la dehesa. Toca sus cosas, sus saxos, sus cachivaches. Y seduce. El respetable le pide más madera y él responde con “Les feuilles mortes” y “Afro blue”, y su propias composiciones con títulos como “Tradición y contradicción” o “La casa del pueblo”. Le falta un disco que bien pudiera haberse grabado en este mismo sitio aprovechando que el Pisuerga pasa por la plaza del Ángel, solo que no quiere, él sabrá por qué.

José Luis va a estar hasta el domingo en el Central, acompañado por su cuarteto de marras, Moisés Sánchez, piano; Iñigo Azurmendi, contrabajo; y Tommy Caggiani, batería.

¡Por muchos años!

Tu amigo Chema

miércoles, 7 de enero de 2009

Dúos: José Luis Gutiérrez & Jorge Pardo, "Dos pájaros de cuidado"

La idea fue, según creo, de José Luis. Un: !¿y por qué no hacemos algo juntos?!; y Jorge, que podía haber dicho que no, dijo que sí, porque así es él. Y ahí que se fueron a recorrer los campos y auditorios los dos tenores mayores del reino, juntitos y en comanda y tocando las cosas que ellos acostumbran.

Adviértase que Jorge y José Luis tocan jazz; sépase que el jazz es fruta mestiza y no deviene del extravío de nadie ni del criterio arbitrario de ningún tipo, mucho menos de una decisión de despacho, sino del impulso natural que lleva a los distintos a reunirse. Cuanto más distintos los jazzistas, más que les gusta arrejuntarse; que si es el uno o el otro, el guiso adquiere un sabor u otro. Lo que tiene esta música, y no tienen otras, que lo recicla todo y todo lo concilia y hace unidad de lo dispar.

José Luis y Jorge: solo el jazz pudo reunirlos.

Vea el lector a este Jorge, menudo de cuerpo y largo de espíritu, cátedro de todos los vientos, pues los toca todos. Maestro de ambos mundos, del jazz y del flamenco, y en ambos respetado por igual. Jorge, de “Dolores” y de Paco de Lucía; de Chick Corea y de Camarón. Músico de las mil fuentes y siempre él.

Vea ahora a José Luis, estirpe de castellano joven, alegrándole las tardes a la fauna plumífera castellana de Olmos de Esgueva, villa que perteneció al Infantazgo de Valladolid, en la que reside y en la que toca su saxo por las calles. J.L. le tiene tomado el aire a esas tierras. Tuvo que venir para agitar las aguas estancadas de lo jazzístico. Fue nuestro “enfant terrible” y hay quien, aún, no se lo perdona.

Yo les he visto, al uno y al otro juntos, una sola vez, en la serrana localidad de Soto del Real, en Madrid, y eso me bastó para gozarme con lo que es y figurarme lo que será. Si tocaron una pieza u otra, no podría asegurarlo. Tampoco, a mi parecer, tiene la menor importancia dicho dato. Sí importa saber que, puesto el uno junto al otro, siguen siendo ellos mismos y su manera de hacer, y todo lo que nos gusta de ellos, se mantiene, enriquecido por la presencia del contrario.

Escuchar a Jorge Pardo y a José Luis Gutiérrez compartiendo un mismo espacio constituye un raro privilegio al que no podemos renunciar.

Dos que saben de qué va el asunto.

José María García Martínez (2005)