Queridos amigos y seguidores de este blog.
¡Bravo Chema! Un libro sobre discos en tiempos en los que
leer sobre el papel es un insulto a la inteligencia digital y en los que
comprar un disco le convierte a uno directamente en antisistema. Como siempre
acertado, señor García. No contento con esto, en vez de titular, provoca. Lo
cual, no lo neguemos, es consustancial a la figura del crítico. Y no se me
escude en que la editorial le propuso o impuso semejante bravuconada, que bien
conocen las hordas de aficionados al jazz de este país cómo se las gasta usted,
que no necesita cerilla sino bolígrafo y libreta para prender la llama de
facebook, la coartada de los pirómanos del siglo XXI.
No le mentiré, García, yo no he venido aquí ni a hablar de su libro ni tampoco
del mío; que ni lo hay ni se lo espera. Estoy aquí porque me prometió un sitio
preferente al lado del genio... por ver si se me pegaba algo. También es verdad
que porque mi chica está enamorada de él y, ahora que lo veo de cerca, todavía
entiendo menos por qué. Pero así es la vida. El señor, o sea, Coltrane,
reparte: a unos el genio de las teclas y el atractivo... a usted y a mí, nada,
no nos engañemos. Por eso nos dedicamos a hablar de los demás, aunque sea mal.
Volviendo al libro... Bueno no, casi mejor no. Divaguemos. No sé hacia dónde va
esta sociedad, entre otras cosas porque ni sé hacia dónde voy yo, aunque lo más
probable es que me vaya al carajo. Quizá por eso elegí el jazz - o el jazz me
eligió, no lo sé - porque es una buena música para combatir el carajo, incluso
para mandarlo todo al carajo. En todo caso, que me voy por los cerros de mi
mente... y volviendo al libro... bueno, no, mejor no. Sigo divagando. Que no sé
si habrá libros y discos mañana pero sí que habrá jazz y que espero que esté
ahí usted para dar fe de él. Eso sí, con libreta y bolígrafo. Que otra cosa
buena no sé si sabré decir de usted, pero que al menos no tweetea los
conciertos, ya es algo. Que ya sabe usted que ahora la inteligencia es
espontánea.
En fin, finiquito mi minuto de gloria, el que he tenido que pagar por estar al
lado de un genio... reitero, el de las teclas... pero, ¿¡qué tendrá el
maldito!? En fin, acabo y le agradezco la invitación para acompañarle aquí esta
tarde. No me quiero extender más, entre otras cosas porque me hacen falta
semanas y quizá años para solventar mis carencias. Porque, García, he
descubierto - aunque ya lo sospechaba - que en esto de la crítica de jazz soy
un impostor. Le confieso que decenas de los discos por usted seleccionados ni
siquiera los he escuchado. Aunque me consuelo pensando, y no me lo tome a mal,
que son cosas de la edad.
Por cierto, y ya acabo. Hace no mucho caminaba por la calle con un disco en la
mano. No sé si le sorprenderá saber que me sentí observado, incluso escrutado.
¿Qué es eso? Se preguntaban seguramente. No llegó al pánico pero se intuía. Por
eso reconforta saber que uno no está solo en este absurdo de seguir amando la
música registrada en un disco. Por eso valoro este libro como lo que es: un
canto de amor a la música. Bueno, eso espero, o quizá que quería usted sentirse
observado. Pero como creo que no necesita de un libro para que se le mire,
intuyo que hay en él el cariño hacia los maestros que nos han hecho y hacen
felices y una loa al arte de escuchar (ambas cosas hoy en claro retroceso.
Ni se respeta a los creadores, ni se los escucha). Por eso y por la opípara
cena a la que espero me invite después, gracias.
© Carlos Pérez Cruz
Texto leído durante la presentación del libro
Esto es Jazz: los 101 + 101 mejores discos de la historia de
Chema García Martínez. Presentación en la librería '
La Central de Callao'
(Madrid) el 23 de octubre de 2012.