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lunes, 20 de agosto de 2012


TrioVD
foto: J. M. García Martínez

El nombre de las cosas

Reflexiones más bien irreflexivas en torno a “Jazz em Agosto 2012”


domingo, 5 de agosto de 2012

De izqda. a dcha.: Tony Bevan, saxo tenor; Sunny Murray, batería; John Edwards, contrabajo
foto: Nuno Martins


El extraño ocupante de la habitación 415

El batería de jazz Sunny Murray abandona el hospital para tocar en Lisboa


jueves, 5 de abril de 2012

LISBOA, ENTRE PIEDRA Y PIEDRA






Lleva calzado cómodo para caminar por Lisboa. Si quieres caminar por algunas zonas del centro histórico tendrás que subir bastantes cuestas, por lo que es recomendable ir cómodo. Absolutamente prohibidos los tacones. El adoquinado de Lisboa está hecho, como es tradición en Portugal, con piedras pequeñas que son ideales para levantarse y para meter el tacón en los huecos entre piedra y piedra.

"Consejos para la Estancia en Lisboa" (http://www.voyalisboa.com)

Fotos realizadas por el autor con el teléfono móvil LG-P970 (Lisboa, Julio 2011)

lunes, 18 de mayo de 2009

Lucía Martínez. "Un día en Lisboa"

Lisboa, plaza del Rossio

Lucía Martínez nos tiene robados a muchos el corazón. Es su música y es su personalidad arrolladora/irresistible. La viguesa ha querido compartir con los lectores de "Jazz y Otras Hierbas" sus recuerdos de un día como cualquier otro en la capital lisboeta entre un concierto y el siguiente. La viguesa se revela en esta pequeña crónica personal como una escritora seductora y sensible. Igual que su música.

Resulta que una no se puede negar a la evidencia de que Lisboa, sea cual sea el humor con el que te levantes, estés o no acompañada, o tengas o no ganas de salir del hotel, es la Ciudad a la que hay que salir a la calle a respirar su luz y colores. Turistas a montones, claro, y yo entre ellos, sola, pero no mal acompañada, bien tampoco...buscando un café “años 50“, en la Plaza del Rossio, no lo encontré, pero aparecieron otros muchos, cada cual más bonito, y más peculiar. El paseo me asombró; mujeres indias color canlela ataviadas de túnicas amarillas adornadas con lentejuelas, vendiendo souvenirs portugueses; hombres blancos como sábanas recién echadas al sol con acentos indeterminados y exageradamente educados, ofreciendo manjares exquisitos de la gastronomía portuguesa. No me resistí a la tentación, y me dejé conquistar por el aroma del pescado “grellado“, como el resto de turistas.

El café lo tomé en la calle, había una feria de artesanía de la península, y me decidí a tomar el sol por allí. En el momento en el que estaba pagando el café, dispuesta a tomarlo en la fuente del Rossio, empezaron a sonar unas concertinas y unas gaitas, y bien, como no podía ser menos, salí corriendo hacia el sonido, y allí estaban, abuelo y nietos tocando música tradicional. Me senté en medio de la calle con mi café a escucharlos. En el momento que pararon, empezaron a sonar unos bombos y un flautín, y sí, eran ellos, un grupo de A Serra da Estrela, uno de esos sitios mágicos que se puede encontrar en Portugal. Sólo su nombre es ya mágico, cuanto más la fuerza de sus tambores y de su gente. Venían caminando y llegaron a la plaza, me puse cerca de ellos para sentir la vibración de los tambores, de esos bombos enormes, esas pieles curtidas golpeadas con la fuerza del campo, de la tierra. Y sonaron las 16, tiempo ya para salir al aeropuerto camino del Norte.

Ahora estoy en el avión, y contenta de haber salido del hotel en búsqueda de algo que no esperaba.

Precioso día solitario en Lisboa.

Lucía Martínez