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viernes, 26 de enero de 2018


Escribo sobre Lula


El dúplex del tríplex

Reflexión fuera de temporada en torno al futuro expresidente Lula

Pinchar aquí:

lunes, 17 de marzo de 2014

 
Galo da Madrugada: el mayor "bloco" del mundo
Foto: JMGM

 Chema García Martínez

El experimento Maria Gadú

 
 

lunes, 24 de febrero de 2014


El jazz del teólogo

Acerca de la improbable existencia de una orquesta de jazz amazónico

Uno contempla el Amazonas desde el aire y le entra el acojone. Uno está acostumbrado al Manzanares, que es un Amazonas en pequeñito y con patos en lugar de pirañas. Luego, aprende que el Amazonas no es un río, sino un continente en sí mismo, y que no hay un Amazonas sino dos, el que va por el suelo y el que por al aire en paralelo al primero a modo de flujo-corriente de aire y agua.
“Las serpientes de aquí no son peligrosas, no señor”, le dicen a uno. “No tienen veneno, sólo le rodean a uno el cuerpo y le matan por asfixia”.
Aquí le da dan a uno zumo para desayunar, y que sea lo que dios quiera. Hay fruta que sabe a queso revenido y peces bigotudos con aspecto nada tranquilizador de cuya existencia nadie que no sea de aquí tiene conocimiento. En el Amazonas hay de todo, como en botica, pero sin el preceptivo cartel indicador. Y también hay jazz. Jazz amazónico, claro está.

La Amazonía cuenta con dos teatros erigidos a finales del diecinueve con los dineros que proporcionó el caucho y el sudor y la sangre de quienes se dejaron la salud trabajando en su construcción. El de Manaos, que sirvió a Herzog para su “Fitzcarraldo”, y el más antiguo de Brasil, en Belém, que estrenó el maestro Francisco Libânio Collas en 1878. Su nombre no puede ser más apropiado para una ciudad con un índice de criminalidad entre los más altos del país: Teatro de la Paz. Por fuera, un pastelito en tono rosa y blanco. En su búsqueda de una grandeza impostada que pudiera recordar la de los grandes coliseos europeos, el Teatro de la Paz de Belem se quedó en entrañable teatrillo de provincias, o en una cosa intermedia. De ahí su encanto.
Uno entra en el patio de butacas del Teatro de la Paz y la vista se le va en dirección al escenario donde bailó la Pavlova, y al techo, o a la bóveda, con su consiguiente lámpara de cuentas y el consiguiente fresco de carácter pastoril a su alrededor donde las indígenas en top less confraternizan con los conquistadores; aquí el arco y las flechas, allá el caballete y la lira. Una cosa simbólica, ecuménica y postconciliar

Aquí desarrolló su carrera Waldemar Henrique, gloria de las músicas amazónicas, a quien el pasado sábado día 15 de noviembre se rindió homenaje en sesión no muy solemne, pero sí sentida, entrada libre con invitación.
El personal indígena, y el que no, se reparte por los mimbres de las butacas bastante más cómodas que las de tela, todo convenientemente endomingados según la manera del lugar. Hay aires de fiesta y una algarabía que uno va a encontrar en muy pocos teatros de ópera. Allá, una madre joven da el pecho a su rollizo bebé mientras habla por el móvil. Esto tampoco es espectáculo que pueda contemplarse habitualmente en la Scala de Milán o en el Real madrileño, por decir algunos.
A través del sistema de megafonía nos llegan, atronadores, los sones de la Ópera Guaraní, música del maestro Carlos Gomes. El espectáculo va a comenzar. Una voz nos ruega sin mucha esperanza: “por favor, apaguen sus móviles”. Momento que la mayoría aprovecha para sacar el bicho del bolso o el bolsillo y asaetear a flashes a los percusionistas mientras éstos ejecutan un preludio en el más castizo estilo de la selva a base de graznidos, chiídos, ronroneos, bufidos, etc. Uno de sus integrantes, al que todos parecen guardar reverencia, combina el uniforme de la formación de americana y corbata con una llamativa corona emplumada. Su nombre es Arita Aná (tomado al vuelo).


Indian is beautiful
Salvo por lo dicho, la Amazonia Jazz Band podría pasar por la más canónica de las big bands, con sus vientos distribuidos por secciones, su trío rítmico más guitarra y un director que, además de músico de jazz, es teólogo. Uno debe viajar hasta el Amazonas para conocer a un músico de jazz versado en saber semejante.

Si monseñor Blakey levantara la cabeza…

La cosa, que el jazzista y teólogo Nelson Neves no es un cualquiera. Según reza en el programa de mano, durante una estancia en los Estados Unidos tocó con Mike Metheny y con Pat LaBarbera, entre otros. Siguiendo la tradición de los pianistas de jazz Río Grande abajo, lo toca todo al miento tiempo y al doble de velocidad de la permitida por las normas del buen gusto en música, como si fuera presa de un súbito ataque de desesperación, lo que muy bien podría ser cierto teniendo en cuenta el estado más bien calamitoso del instrumento a su servicio. Con 39º a la sombra y una humedad del 99´9 & no hay Steinway que resista.
Se da en la música de Neves, o en sus arreglos, la muy amazónica tendencia a la grandilocuencia, lo rapsódico y lo sinfónico y los finales a tutti que el personal aplaude puesto en pie, también la mamá con su bebé, y el móvil, y el seno al aire. Se entiende: la Amazonia es grandilocuente y tendenciosa, además de invasiva y puñetera. Uno, en la Amazonia, mira a su alrededor, y luego a sus pies acribillados a picotazos de quién sabe qué clase de bichos repugnantes, y no puede evitar sentirse insignificante, una mierdecilla, o sea.
En su calidad de pionero del jazz brasileño-amazónico, Waldemar Henrique  dejó escritos un número de foxtrots y valsecitos llenos de un encanto singular, así su “Valsinha do Marajó”, originariamente escrita para violäo, que Henrique compuso en Alemania, lo que no deja ser resultar sorprendente. Su “Hei de seguir teus passos” tiene aire de chorinho y sabor a bolero, algo que sorprende, pero menos. Y hay un tango que se esconde bajo los pliegues del maracatú, y un aire de pasodoble que asoma por donde menos uno se lo espera...

El Amazonas, en Belem, se torna caribeño y alucinógeno en el mercado de Ver-o-Peso, donde los motoristas-DJ venden cedés piratas de merengue al peso.  


La Amazonia Jazz Band cuenta con una cantante pinturera, Nanna Reis, y algunos solistas excelentes , otros no tanto, y un pianista cubano para cuando no está tocando el director, Robenare Marques es su improbable nombre. Algún día, piensa uno, el mundo entero estará lleno de pianistas cubanos y ya no habrá lugar para nadie más.

La noche terminó según dictan las normas del protocolo amazónico, con la interpretación de “Tamba-tajá”, representación del folclore de la región en los foros internacionales, las demostraciones sindicales y los programas de variedades por televisión. Y afuera, el diluvio. Como de costumbre.

Chema García Martínez (texto y fotos)

Gracias a Joao y Anete. Sin ellos no hubiera habido jazz, ni amazónico ni de ningún otro lugar.

miércoles, 12 de febrero de 2014


OBESOS GALÁCTICOS
 
 
Criolo se monta en el Circo Volador y sonríe a los helicópteros cargados de turistas que dan vueltas alrededor del Cristo Redentor.

Criolo es un fenómeno porque es “auténtico” allá donde la autenticidad constituye denominación de origen. Brasil lo admira. Hace nada, se dice, vivía de limosnero por las orillas despiadadas de la gran ciudad. En el mixtificado mercado de la música del Siglo XXI no hay mejor aval para triunfar que ese.

Criolo cuelga el “no hay billetes” en su concierto en el Circo Volador de Rio donde moran los dioses de la MPB. El concierto arranca puntual con 2 horas y media de retraso. Nadie protesta. Nadie le levanta la voz a Criolo.

El personal se arremolina en torno al escenario. El escenario es amplio. La platea es recudida, además de incómoda.
 
 
La música de Criolo viaja por entre los entresijos de la vociferante audiencia a un nivel apenas superior a lo que un oído humano es capaz de soportar para terminar depositándose en sus intestinos. Ensordecedora, pero no lo suficiente como para tapar los a modo de sound systems móviles o estancos que configuran la estampa sonora del barrio.

Lapa es una visión del apocalipsis en el mero centro de Rio de Janeiro, allá donde la noche se viste de amarillo y rojo, los fanáticos del crack bailan su desnudez por entre la muchedumbre, y un voluntario en silla de ruedas predica las virtudes de la abstinencia de alcohol en vano.

Criolo es camisa a cuadros con mangas, pantalón de fieltro, pañuelo a modo de capa al cuello, lo que le confiere el aspecto de un gañán galáctico; piel morena de sol y no sal; cabello negro y espeso; asomo de barriga; una tosquedad puede que pretendida por razones de marketing. Rapero, pero no demasiado. Sus canciones teñidas de azul tienen su fondo y su circunstancia. Cantor del gueto, o de la favela. Una versión en castizo de James Brown, y tan melodramático como él.

Entonces es cuando se arrima al micrófono para convertirse en vocalista de la vieja escuela. Ahora lo sabemos: el enfant terrible del pabellón paulista, en realidad, quiere ser Roberto Carlos en lugar de Roberto Carlos. A veces, a Criolo le traiciona el subconsciente.

Criolo deja de cantar para que sean otros los que le canten. Es el ritual mil veces repetido de la Música Popular Brasileña ("MPB"), esa forma de guerrilla contra “lo norteamericano” que tienen los de aquí, consistente en que no se escucha otra cosa que no sea a los propios.

Criolo es MPB. La MPB es, primero, verso, y luego, música. Es arrogancia. La desconfianza está en su misma entraña.
 

 
 
 
Capítulo 2: Fe-llini-fla-flu

Un "FlaxFlu” es una cosa muy seria. Hay un vídeo dedicado a las historia de los “FlaxFlus” (*), que es el modo como los cariocas llaman a los enfrentamientos entre el Clube de Regatas do Flamengo y el Fluminense Football Club; el escenario soñado donde las pasiones se desbordan y los tambores llaman a guerra no necesariamente incruenta.
 
He tenido que venir a Maracaná para enterrarme de que Maracaná no se llama Maracaná sino “Estádio Jornalista Mário Filho”, por el fundador del “Jornal dos Sports”. Lo han remodelado para que luzca en el Mundial. En su interior no se puede fumar, ni poner los pies en el asiento de adelante, ni beber alcohol, excepto durante el Mundial. El poder de la FIFA no es de este mundo.
 

 
Uno tenía por cierto que el futbol brasileño es de todo, menos brasileño. Será porque los mejores futbolistas brasileños juegan en Europa. Su estilo, el de su selección, con el que ganará el Mundial, es europeo, más italiano que alemán, más inglés que “tiquitaca”. Pero un “FlaxFlu” es otra cosa. Incluso aunque las gradas del “Estádio Jornalista Mário Filho” anden medio vacías. Una pancarta clama “contra los precios abusivos de las entradas”: no es oro todo lo que reluce en el emergente Brasil.

Un “FlaxFlu” sirve para reconciliarle a uno con el noble arte del balompié. Aquí, al futbolista se le da por conducir el balón de portería a portería buscando la ocurrencia que puede llegar, o no. La elección personal frente al sistema. El futbolista brasileño no seleccionable ha recuperado el placer de jugar al futbol.

Y en éstas llegó Walter.
 
 
Nadie sabe de dónde procede. Walter acaba de llegar al Fluminense y al campo, mediada la segunda parte, el número 18 a su espalda y una más que prominente curva abultando la región estomacal y limítrofes. El personal corea su nombre como debieron hacer los espectadores en Bayreuth tras el estreno de “Parsifal”: “Walter... Wagner…"

Viéndole, uno piensa que lo único equivocado en él es su nombre. Debería llamarse Wagner.

Wagner-Walter se ha hecho carne para redimirnos de nuestros pecados de escépticos aficionados al fútbol en el cambio de siglo. La estirpe de los indomables Garrincha, George Best y “Mágico” González tiene en él a su mensajero alado y barrigudo. Uno ve a Walter paciendo en medio del estadio y cree estar viendo un espejismo.
 

Donde los demás salen corriendo en busca de la esférica, Walter camina el medio campo sumido en profundas reflexiones más allá de nuestro alcance de seres mortales. Y de repente está ahí, empujando la pelota con gesto grácil hasta el fondo de la red ante la mirada atónita del cancerbero, enfrentado a un destino exorable. Walter ha aparecido ahí como por ensalmo. Nadie podría decir cómo llegó. Su sprint de metro y medio es acaso inconcebible.
 
Walter es la antítesis de los robots anabolizados que hoy dictan su ley en el futbol de élite. Su imagen vulnerable por no decir tierna, nos remite a unos tiempos en que el deporte era pasión antes que profesión, que ciencia.
 
El fútbol nos ha enseñado a predecir lo aleatorio, salvo lo que nadie puede predecir. Walter, o sea.
 
Chema García Martínez
(Texto y fotos, excepto 1 y 2)
 
 

(*) “FlaxFlu. 40 minutos antes do nada”. Globo, 2013

. Circo Voador. Criolo. 07/02/2014
. Campeonato Carioca 2014. Flamengo x Fluminense. Maracaná. 08/02/2014


Dedicado a Lúcia, Ana y Celso, y a su hijo Francisco (gracias por advertirme que Wagner no es igual a Walter) 
 

miércoles, 12 de junio de 2013

Fotocaligrafías, hipocóndrias y otros accesos igualmente restringidos



Uno se adentra en la exposición, o lo que sea, de Adolfo Montejo, hipocondríaco y poeta, además de aficionado al jazz, y entiende que éstas cosas han de contemplarse en soledad y sin compañía de ningún otro ser viviente.

Cualquier espectador que no sea uno debe ser expulsado inmediatamente, por la fuerza, incluso.


Un cartel a la puerta hace saber que la entrada a la exposición es libre, lo que muy bien pudiera tomarse por un cierto poema visual que, por las razones que sean, no cupo en la muestra.

¿Qué cosa es la poesía visual?. Nadie lo sabe, menos Brossa y Adolfo Montejo. Por eso, ellos dos son tan importantes.

La exposición, o lo que sea, de Adolfo Montejo, no está concebida para contemplarse en presente, sino para ser recordada. La poesía objetual (palabra invisible en cuanto que inexistente para la RAE) de AM se ve de cuanto más lejos, mejor (min. 750 metros de distancia).

El poema, en Adolfo Montejo, es la propia mirada del espectador. ¿Acaso hay algún poema que no exista en nuestro interior?. ¿Hay músico alguno que haya tocado una sola nota que no escuchara previamente en su entraña?.

Una habitación desvaída, unos objetos cargados de significado- material simbólico de largo alcance- dispuestos a la poética manera y, en primer plano, un cartel: “!cuidado con el poema!. Muerde”.

Adolfo Montejo está afectado por el mal de la poesía que deforma la “realidad” e impone una visión arbitraria de la misma. La suya es una mente seriamente enferma. A fecha de hoy, no se ha descubierto remedio para la enfermedad.


La columna de libros adosada la pared blanca y, en medio, Brossa, lógicamente del revés. 

La palabra impresa en Adolfo Montejo es objeto y es recuerdo, palabra en sí misma (que no precisa de ser leída), significado y significante, sístole y diástole, símbolo y mito, por no hablar de lo bien que van a quedar en la estantería del salón, ¿no es cierto, cariño?.


Retazos de papel timbrado sin valor en el mercado, vestigios poéticos del capitalismo blanqueado tal cual fue concebido, hoy cadáveres reducidos a su esencia; papel, tinta, sombras de una huella; el paso del tiempo.

En el poemario conceptual de Adolfo Montejo, la denuncia está hecha de plástico de colores y papel de calendario, trenes de juguete y pinzas de la ropa. El poeta reclama su lugar en el mundo. Hay otra realidad –la de los paraísos fiscales y el FMI, a la que se hace alusión en la exposición-, pero no es poética.


Aforismos iluminados en rojo.

"Se precisa media vida para llegar a la muerte"

"Primera obligación de un día, resucitar"


"La casa estaba llena de relojes para ganar tiempo al tiempo"


"A eternidade perdida, naufragada no tempo"

A un lado, una estela

con el lema “acceso restringido”,

metáfora fortuita,

da alas a la imaginación del visitante.



Imágenes fuera de foco y del mundo. La ¿realidad? reflejada en un perfil acuoso o “lunário” (homenaje a Li-Po). “Fotocaligrafías”, las llama AM. Como el cine de Friedrich Wilhelm Murnau, la poesía “lunaria” de AM es imprecisa, o indolente, y hay una voz levemente intranquilizadora que parece ser una niña que suplica nuestra ayuda desde el más allá (el techo), o puede que nos esté dando la bienvenida, vaya Vd. a saber.

Nos ciega la luz invisible del atardecer líquido, el silencio clamoroso de los poemas sólidos. Ahora estamos inhabilitados para escuchar cualquier otro silencio que no sea ese.


Adolfo Montejo Navas “Poética & Sinais”
Antología poética 2000/2013
Oi Futuro Ipanema
Rio de Janeiro, rua Visconde de Pirajá, 54
Hasta 7 de Julio.


NOTA ACLARATORIA. Acaso todo lo que ha leído el lector, valga la redundancia, tenga poco que ver con el “auténtico” Adolfo Montejo, de haberlo, ni con su obra. No soy crítico de arte, ni pretendo pasar por ello. Lo expresado procede de mis notas a la exposición, o lo que sea, tal cual fueron concebidas durante mi visita a la misma, de forma espontánea, y sin apenas añadidos. Parafraseando a Groucho Marx, éstas son mis conclusiones inquebrantables, y si no le gusta al lector, tengo otras.

Fotos: JMGM

viernes, 7 de junio de 2013

DONDE REINA LA PALABRA



Hace una semana, tuve la ocasión de participar en el muy celebrado Forum das Letras que, bajo la atenta dirección de Guiomar de Grammont, convoca cada año a un notable número de aficionados y curiosos a la ciudad de Ouro Preto, en Brasil.

Con el lema “Literaturas da Origem”, la edición de este año reunió a un imponente elenco de periodistas y escritores, entre ellos, la poetisa Adélia Prado y Audálio Dantas, nombre histórico del periodismo en aquel país y en toda Latinoamérica.

foto: Joao Alegria

La mesa redonda “Estilo y edición: como ayudar al reportero a encontrar una voz autoral”, dentro del ciclo “Periodismo y literatura,” me reunió con Luís Antônio Giron, de la revista Época, y el periodista, escritor y documentalista Paulo Markun, quien ejerció como moderador.

Ese mismo día dicté el curso “La crítica musical, qué es, para qué sirve”, en el Centro de Artes y Convenciones de la Universidad federal de Ouro Preto (UFOP), dentro del “9 Encontro Nacional de História das Mídias”.



Fundada en 1711, Ouro Preto forma parte de la Red de Ciudades Históricas del estado de Minas Gerais. En 1980, su casco histórico fue declarado “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la Unesco.

Fotos: JMGM (excepto indicada)

martes, 28 de mayo de 2013

FÓRUM DAS LETRAS




El autor de éste blog impartirá el curso "La crítica musical, qué es, para qué sirve", dentro del Fórum Das Letras 2013 que organiza la Universidad Federal de Ouro Preto (Brasil). 
Centro de Artes y Convenciones de UFOP. Viernes 31, 16:10 h. 

Ese mismo día, participaré en  la mesa redonda "O estilo e a edição: como ajudar un repórter a encontrar uma voz autoral", junto a Luís Antonio Giron (ciclo de Jornalismo e Literatura). Modera: Paulo Markun. 
Local: GLTA. 10:30 h. 

El Fórum das Letras tendrá lugar entre los días 29 de mayo y 2 de junio. Promovido por la Universidad Federal de Ouro Preto, fue concebido con la intención de "promover el diálogo entre el autor y el público participante". 

Más información:
http://www.forumdasletras.ufop.br/oforum.php


domingo, 7 de abril de 2013


Los locos y los mitos

A propósito de la exposición “Maestros del Caos” y otros propósitos

Charlie Parker no era un músico más; era un dios
Hampton Hawes


El caos es un agujero en el suelo de unos 300 metros de profundidad sin vistas al exterior cuya utilidad consiste en recordarnos su misma existencia. Se define como la no-existencia, la ausencia de orden y de referencias, aka la "confusión total” (crucigrama de El País, sábado 6 de abril de 2013).

Caos.
(Del lat. chaos, y este del gr. χάος, abertura).
1. m. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos.
2. m. Confusión, desorden.
3. m. Fís. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos, aunque su formulación matemática sea en principio determinista.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


El caos, en jazz, se llama “free jazz”: el jazz ha muerto varias veces a lo largo de su corta pero intensa historia. Para muchos murió a finales de los 60 con el free jazz, considerado el caos hecho música o la música hecha caos (Diego Sánchez Cascado, “Reflexiones sobre la muerte del jazz”). 

Hoy, los enemigos del “free jazz” son los propios músicos de free jazz, por donde el “free jazz” se ha transformado en su contrario. La modernidad del jazz es “anti-free”, Wynton Marsalis o Ken Vandermark, tanto da el uno como el otro. La modernidad en jazz es Ornette Coleman, que nunca tocó “free jazz”.


No cabe duda de que hay (todavía) personas que tocan algo muy similar al “free jazz” practicado en Nueva York en la década de 1960, pero es igualmente indiscutible que las corrientes más innovadoras de la música afroamericana asociada con la tradición del jazz van por otros derroteros hoy en día.

Wade Matthews 
“Improvisando. La libre creación musical” (Turner Música. Madrid, 2012)



"Maestros del Caos"

Aquí, el free jazz pasó de largo, con algún matiz. En Madrid estaban Orgón espantando al personal, y en Barcelona Perucho, que no tocaba free, al que la dirección de Zeleste pagó por no tocar en el local. Cuando, pasados los años, quisimos recuperar el tiempo perdido, ya era tarde.

El “free-caos” murió por imposibilidad, o por aburrimiento, o porque los mismos músicos que lo interpretaban no estaban preparados para enfrentarse al caos del día a día. Con ésto que el "free jazz" es es rito y representación, repetición, alteridad, orgasmo. En Art Ensemble of Chicago –que no es un grupo de “free jazz”- es teatro y sueño, auto sacramental y exorcismo selvático, Calderón y King Kong.  

… y, sin embargo, nunca el jazz fue más libre que en Nueva Orleans.



Improvisar es como vivir un trance espiritual, no es algo que se pueda analizar mediante la razón.
Sonny Rollins

El caos vuelve al comienzo de los tiempos, que es la vanguardia; a la fascinación de la imagen por sí misma, luces y sombras de Murnau; al rasgo desnudo, la línea ausente de artificio; a Altamira; a Picasso.

Maestros del caos: hitos y ritos, Picabia y Coltrane y Joeseph Beuys, Basquiat, Don Cherry, Orfeo, Fauno, Charlie Parker, Miles Davis, Peter Brötzmann... el maestro del caos intuye su propia fragilidad, que es la nuestra, mientras nos conduce por los caminos que conducen al abismo para salvarnos de caer en él.


"Maestros del Caos"

Di el repudio a la Hija de la Razón y en casa a la Vid introduje...

Quienes tuvieron la oportunidad de tocar junto a Charlie Parker coinciden al señalar que, del mismo modo que nunca se paraba a cortejar a la mujer que pretendía, jamás se molestó en escribir arreglos ni preparar el repertorio. Su existencia toda se definía en tiempo presente y en la necesidad de acceder al estado de vacío interior, de aniquilación del ego, lo que le distinguía de todos los jazzistas: la improvisación inspirada, la plenitud, el orgasmo, la borrachera mística del derviche; momento de plenitud en el que “El Pájaro” echaba a volar, instante sublime en que el Creador se confunde con su Creación y habla a través de su boca: ¡Dios soy yo!.

Cuando tomo en mi diestra un vaso de vino, por la dicha de esa hora,
me embriago de alegría y de emoción, y pierdo mi juicio.
En ese momento se producen los milagros en todo sentido:
temperamento fogoso, inspiración y un mar de palabras...

Exploradores de lo desconocido, los mediadores –locos egregios, santos más allá de la santidad- iluminan el tránsito hacia la Sabiduría, ese es su trabajo, el que se les ha encomendado.

"Maestros del Caos"

En Brasil, los maestros del caos invitan sonrientes a integrarse en la rueda sin principio ni final, indiferente si el convidado es un iniciado o no; aún así, existe una oficialidad del Candomblé y un orden establecido más allá de ningún orden. Sabemos que los Orishas nos contemplan. Yemanyá, Oxúm, Changó, Ogum: el santo/Orisha habita entre nosotros. Ahora, la personalidad terrenal de quien ha sido “tomado” se diluye para hacer sitio al Visitante hecho carne.
Si un momento te muestra su cara misteriosa,
punto se sumerge en la tiniebla umbrosa,
donde, en su Eternidad, se recrea con el drama eterno, 
en que el autor y actor son una cosa.


¿Quiénes son éstos que miran sin mirar?. ¿Cómo han llegado hasta aquí?... se nos dice que han estado un mes encerrados preparándose para el acontecimiento, pero eso no alcanza a explicar cuanto observamos, los besamanos y las genuflexiones, los ojos en blanco y el grito multiplicado por ciento en el despertar del sueño del “YO" y el retumbar de los tambores, en Candomblé llamados “Rum”, “Lee” y “Pi”.

El rito -grito blasfemo, burla y sarcasmo, sensualidad a flor de piel- nos introduce en el ámbito de lo sagrado. Su objeto es el de traspasar las fronteras de la razón a través de la subversión y la catarsis. En el Candomblé, el rito es esfuerzo colectivo, transgresión imprescindible para la necesaria regeneración; sustitución de un orden terrenal por otro superior nacido del propio desorden (del caos).

La historia del jazz es un eterno caminar hacia el caos a través del rito. Los sacerdotes del jazz transitan por los territorios del inconsciente, noche tras noche. Su ayuda nos resulta imprescindible para viajar de una orilla a otra del abismo que se abre a nuestros pies. Sin ellos, estaríamos perdidos.


Al amanecer, Parker y sus compañeros de piso solían acudir a Sheridan Square. "¿Quieres ver a Alá?", les decía. "Mira al Este, allá abajo, por Broadway. Mira cómo aparece el sol, Ese es Dios, todo lo que puedes ver y todo lo que no puedes ver es Alá."


Chema García Martínez




Las citas relativas a Omar Khayyam ("Rubayat") y Charlie Parker proceden de “El verdadero amor de Charles Christopher Parker”, publicado en Cuadernos de Jazz nº 14 (1993), pendiente de reedición.

Entrevista a Sonny Rollins por Chema García Martínez (El País-Babelia, 08/07/2006)

“Reflexiones sobre la muerte del jazz” (Diego Sánchez Cascado). Publicado en Tomajazz http://www.tomajazz.com/perfiles/reflexiones_muerte_jazz.htm

Todas las imágenes, excepto las indicadas, así como los vídeos, fueron tomadas por Lúcia Araujo y el autor del texto durante la ceremonia de candomblé celebrada en terrero de Santa Catarina, en Bangu, Río de Janeiro, la noche del sábado 19 de enero de 2013.

"Maestros del caos. Artistas y chamanes" en CaixaForum (Madrid, Paseo del Prado, 36). Hasta el 19 de mayo (fotos: JMGM).



domingo, 6 de enero de 2013

Foto: J. M. García Martínez

From Brazil, with love.

Feliz año y felices Reyes para todos desde la tierra de las bundas, la feijoada y Antonio Carlos Jobim, por ese orden.