Mina Agossi. 6 de marzo de 2009. Colegio Mayor San Juan Evangelista, Madrid. foto: Esther Cidoncha
Esto no hay quien lo entienda. Mina Agossi, la cosa más divertida que le ha pasado al jazz en mucho tiempo, y la basca que no va a escucharla, con lo que el Yoni a medias y gracias. Ellos se lo perdieron.
No voy a hablar de sus cualidades cantarinas de la susodicha que algunos discutirán, lo que tienen los/as vocalistas de jazz, que levantan pasiones en un sentido y el contrario. Por lo que a uno toca, Mina es el mejor antídoto para el jazz incoloro, inodoro e insípido que hoy es ley. Ni por su imagen ni por su arte tiene que ver con la cohorte de criaturas pegajosas y acomodaticias empeñadas en cantar jazz como lo hacían sus abuelas. Mina no es de esas. Ella brinca como un roquero, se retuerce como un contorsionista, le canta a Hendrix –solos de guitarra incluidos- y hasta se atreve con “Ojos negros” en un español casi tan malo como el de Nat “King” Cole.
Uno va a escucharla para divertirse, qué cosa más rara. Al jazz se viene a sufrir y no a divertirse, que iba diciendo el amigo Antonio por el ambigú colegial minutos antes del concierto. Sufridores lo somos todos, como los hinchas del Atlético. Un poco masocas, unos más que otros.
A lo que iba: Mina es un terremoto, un volcán, una punki, aunque cante jazz. A esta chica hay que agarrarla para que no salga volando. Escueta, sensual, cuando canta a media voz se derriten las piedras, de donde ese “Money” casi pornográfico (*). Vista desde la distancia, resulta un bellezón “ancinet régime” con sus rectas, pocas, y sus curvas, muchas, que son las suyas y las del contrabajo al que arrulla y sobetea, quién fuera madera. Su forma de cantar pasa por el sexo, el suyo, y se concreta en ese tirante on & off que a más de uno le trajo de cabeza cuando nos invitaba a enloquecer con ella -let´s be nutty- y a arrimarnos a sus carnes más, pero mucho más -come closer to me- que, aquí, la andoba no se corta un pelo. Y es que su apetito parece no tener límites: la cantante pasó del escenario a la mesa y, de allí, a un tour turístico nocturno por los rincones emblemáticos de la ciudad en la compañía de sus dos sufridos acompañantes. Mina Agossi sobre/delante/detrás del escenario.
A uno le gustaría tener a Mina instalada en el salón de estar de su casa para cantarle al oído en los momentos de ocio. Mientras tanto, seguiremos escuchándola cuando se tercie.
(*) Rogers Waters (letra y música). Incluida en el último disco de la cantante, “Simple things” (Candid, Karonte)
(gracias a Esther Cidoncha por permitirme utilizar su estupenda fotografía)