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sábado, 18 de julio de 2015


HOY EN EL PAÍS

Edmar Castañeda, ayer, en Vitoria
Foto: JMGM

La tristeza de un país alegre

Estrella Morente, el Niño Josele, la clarinetista Anat Cohen y el arpista Edmar Castañeda tocaron el viernes en el Festival de Vitoria

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miércoles, 16 de julio de 2014

Hoy en El País


Medio siglo de jazz en Euskadi

Gillespie, Davis, King, Mingus, Marsalis, Corea, Krall, Domínguez...
todos han peregrinado no solo para actuar sino también por la gastronomía y la pasión de la gente


Chano Domínguez y Niño Josele dedican su concierto en Vitoria a Paco de Lucía


Chano Domínguez

Niño Josele

Fotos: Chema GM

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sábado, 23 de junio de 2012


Ayer en El País - Babelia


Niño Josele presenta “El mar de mi ventana”

Todavía hay mucho que hacer en el flamenco

miércoles, 1 de abril de 2009

Letter from el Niño

Hola Chema,

muchas gracias!! está muy bonito !! al final me lo voy a creer!!!! fuera bromas no sabes las ganas de seguir estudiando ....... aprendiendo que me dan cuando veo la calurosa acogida que me da el público,, me gusta tu blog ya que lo conozco lo ojearé a menudo

Un abrazo, Josless

sábado, 28 de marzo de 2009

Bill Evans después de Bill Evans (a propósito de Niño Josele)

Niño Josele

foto: Marirosa Tenore


Un viernes del mes de marzo de 2009, Niño Josele sobre el escenario del colegio mayor San Juan Evangelista y una nube líquida que toma la forma de un sueño con el nombre de Bill Evans impreso en su entraña. Y qué puede haber más hermoso que escuchar al guitarrista de corbata y flequillo engominado interpretando Peace Piece, por muchas veces que se lo hayamos escuchado.


12 de Diciembre de 1979. Un reducido grupo de aficionados se ha dado cita en un sótano de la calle Núñez de Balboa, en Madrid, para sumergirse en un sueño. Bill Evans al piano. Afectado por el reciente suicidio de su hermano, Evans no cruza palabra con nadie, ni se digna presentar a sus músicos, tampoco las melodías que va a interpretar. Sus manos doloridas – el fruto de la hepatitis crónica y su adicción a la heroína- han doblado su tamaño normal, algo que no parece afectar demasiado al jazzista.


When I fall in love


Su cabeza toca el teclado, se pierde en la profundidad de sus brazos extendidos sobre el mismo, entre ambos. Evans sumergido en un océano negro y blanco y negro. Ahora, piano y pianista son uno.


Niño Josele tenía 5 años cuando Bill Evans tocó en Balboa Jazz. Por fortuna, el protagonista de la noche no tiene ningún problema con sus apéndices dactilares.


Josele se descoyunta para acceder a la intimidad sobrecogedora y solemne de Peace Piece. El “tocaor” irredento sigue el original de cerca, apenas se separa de su letra, lo flamenquéa, y es esa forma suya de verse al espejo tan alejada de los redundantes estereotipos del jazz, lo que hace resaltar la belleza de esta música quintaesencial. Inevitablemente, su "Bill Evans" nos lleva de vuelta a aquel sótano en el que algunos nos dejamos la vida. Escuchar a Josele-Spalding-Piraña interpretar esa y otras piezas del repertorio "evasiano" -My foolish heart- es como volver al primer amor.


Lo que el jazz no nos da, nos lo dieron la noche del viernes Niño Josele, Esperanza Spalding e Israel Suarez “Piraña”.


Bill Evans murió el 15 de septiembre de 1980

"Live at Balboa Jazz” ha sido editado en CD y LP


Algunos nos dejamos el sueldo de un mes por escuchar a Bill Evans en Balboa Jazz

Esperanza Spalding

foto: Marirosa Tenore

Más información sobre Josele & Bill Evans en este mismo blog

domingo, 18 de enero de 2009

Aproximaciones a Niño Josele (y IV). "Bill Evans Plus Flamenco Equals Something Else Again"

Niño Josele, the young Gitano guitarist, is playing Bill Evans music at the Village Vanguard this week — that pianist’s own compositions, as well as songs by others that Evans brushed up against at various points between the 1950s and the 1970s. But because Niño Josele (born Juan José Heredia) is a flamenco musician with only a recent interest in jazz, the tunes were redesigned to suit his strength and temperament. The best parts of the set weren’t much like flamenco, and they weren’t much like jazz either. And this was very good.

In the first two sets of the week, on Tuesday, he and his trio were getting the kinks out, still addressing rough patches in sound and pacing. (There’s a danger of romantic ballad overload here, which the group barely skirted.) Together the musicians worked through close-to-the-ground grooves and slow rhythmic buildups, and Niño Josele applied what he knew, troweling on the flamenco ornamentation on each chord after he landed on it.

But he performed very little jazz-style improvising through the chord changes of the songs, and it may seem odd that a Spanish musician untrained in jazz would go straight to Bill Evans, one of the music’s heroes for soloing through changes. It didn’t much matter. The gig, and the record it draws from — “Paz” (Calle 54/Sony BMG) — are a good enough reason to get Niño Josele here and interacting with our musicians.

Flamenco doesn’t neatly superimpose over jazz, and Niño Josele isn’t meeting Evans completely on Evans’s terms. (He’s not drawing out the Andalusian-ness in these songs, either, because there’s none to speak of.) But “Paz” reflects a larger and more important desire: Niño Josele’s desire to expand the setting for what he does.

He began both sets on Tuesday with solo guitar pieces, drawing from Evans’s Satie-like “Peace Piece,” Luiz Eça’s “Dolphin” and the standard “My Foolish Heart”; they were all pretty ballads, and he trawled through them for emotional resonance, savoring the chords with his fingers.

But then the American-born bassist Esperanza Spalding and the Cuban-born drummer Horacio (El Negro) Hernandez came onstage, and suddenly we were hearing a take on the Steve Swallow song “Hullo Bolinas.” As the song picked up, it shifted into a strong, low-volume groove, with strummed guitar, bowed bass, brushed drums. This was now some mutant strain of folk music, played by excellent musicians coming from three different temperaments. It didn’t sound like anything normally heard at the Village Vanguard — except maybe 30 years ago, in the days of hippie-jazz syncretism, when people like Gabor Szabo were on the scene — but it made you want more, quickly.

There was a slightly unfocused version of Paul Simon’s “I Do It for Your Love,” which Evans covered toward the end of his life; Ms. Spalding, who is also a singer, put her light voice to it. But then the good, strange stuff struck again, in a version of Evans’s “Turn Out the Stars.”

The snare drum carried a reference to the bulería rhythm of flamenco, with Mr. Hernandez intimating the same chattering patterns, and the group came alive: each musician demonstrated a wicked gift. Ms. Spalding played a melodic solo on the bass that made it seem like an extension of her voice; Mr. Hernandez intensified and got rougher, making the groove more acute.

And though Niño Josele had been playing warily through the evening, perhaps out of deference to the aura of sensitivity that surrounds Bill Evans’s music like a barbed-wire fence, here he started to broach the intemperate gestures of flamenco guitar playing, the hammer-blow chords and fast flourishes, and his wary expression turned into a hungry smile.

BEN RATLIFF

Niño Josele continues through Sunday at the Village Vanguard, 178 Seventh Avenue South, at 11th Street, West Village; (212) 255-4037

(Publicado en New York Times 24/05/2007)

Aproximaciones a Niño Josele (III). "Flamenco en Nueva York"

Josele & Nat Chediak calientan motores. Camerinos del Village Vanguard, Nueva York. Mayo, 2007
Foto: J. M. García Martínez
Acostumbrado a recorrer los cinco continentes como segundo de abordo, junto a Paco de Lucia, Niño Josele (Madrid, 1974) cruzaba por vez primera el charco a su cuenta y riesgo. "Ayer me llamó "El Maestro" y me felicitó por mi éxito", confesaba el guitarrista a este cronista al pie del avión que le trasladaría a Nueva York, "yo le dije: pero, maestro, si todavía no he tocado".

Sus primeros días en la ciudad los paso dándole vueltas y más vueltas al repertorio, acompañado por sus partenaires para la ocasión, el baterista cubano Horacio "El Negro" y la contrabajista de 22 años Esperanza Spalding. Josele no quería dejar ningún cabo suelto en la puesta de largo de su disco "Paz", dedicado a la música del pianista de jazz Bill Evans. El histórico acontecimiento lo merecía: "todo lo que espero es poder salir vivo de esta".

Josele fue a tocar la música de Evans en el mismo escenario en el que el pianista labro su fama, el más legendario de los clubes de jazz del universo, antiguo centro conspirativo antifranquista durante la Guerra Civil española convertido en club de jazz en el año 1957. Allí velaron sus armas los más grandes, desde John Coltrane a Miles Davis: de Leonard Bernstein a Barbra Streissand... pero José Heredia Heredia no es de los que se amilanan, ni siquiera después de un primer "set", la noche del martes, en el que hubo de luchar a brazo partido contra un sonido atroz impropio de la categoría del local mientras Lorraine Gordon -medio siglo al mando del Vanguard- la emprendía a gritos no reproducibles con los técnicos. Lo nunca visto en los años de historia del club: "yo notaba una presencia hostil, como que el lugar con tanta historia no me quería".

El "tocaor" aguanto el tipo con la mejor de sus sonrisas y salió para el segundo "set", si cabe, con más ganas: "de repente note que el ambiente ahora si me quería". Josele se impuso en el sancta santorum del jazz apelando al espíritu de la música de Bill Evans; una música de alta intensidad pero baja en decibelios hecha para escucharse en reverente silencio y con el respeto debido.

Con El Negro y Spaulding ha conseguido algo que se parece mucho al trío perfecto. Los tres fueron capaces de poner al respetable a dar palmas y hasta pudo escucharse algún "ole!" desde los bancos que suelen ocupar los turistas japoneses que nunca faltan en el Vanguard. Otra novedad en la larga historia del local.

Niño Josele estará en el Village Vanguard hasta el próximo domingo 27 de mayo
(Versión íntegra del artículo publicado en El País 24/05/2007 con el título "Niño Josele conquista la catedral del jazz")

Aproximaciones a Niño Josele (II). El Niño & Marc Johnson

Un alto en el ensayo. Foto: J. M. García Martínez
De entre los "nuevos flamencos", Niño Josele (Juan José Heredia, nacido en Almería en 1974) es quien parece tenerlo más claro: "En el flamenco, los jóvenes tienen que tirar para delante, si no es como si los grandes maestros hubieran trabajado en balde". Nadie podrá decir que el almeriense no predica con el ejemplo. Su último disco, Paz, es el fruto insólito de un descubrimiento: el de la música del pianista de jazz Bill Evans (1929-1980). "Descubrí la música de Bill Evans durante la gira de Lágrimas negras, a través de Bebo Valdés. Oírle tocar Waltz for Debby fue, para mí, un descubrimiento. Él me insistía en que yo podía tocar lo que quisiera, pero a mí me daba mucho corte".
El necesario segundo encuentro entre el tocaor y la música del más influyente de los pianistas del jazz contemporáneo, tuvo lugar algunos años más tarde, en el domicilio del cineasta Fernando Trueba. "Empezó Trueba a enseñarme discos de Bill Evans y de repente, no sé cómo, él y Javier Limón (productor discográfico) se pusieron a hablar de hacer un disco y yo escuchándoles y cada vez más aterrado".

De aquella velada salió Josele con un cargamento de grabaciones conteniendo diferentes versiones de los temas del pianista. "Cuando llegué a casa y me puse con aquello, me quedé blanco. ¡Y qué hago yo ahora con todo esto!". Sin saberlo, había comenzado su viaje a lo desconocido. "Como no sé música, se me ocurrió consultar a los músicos de jazz pero es como en el flamenco, que cada uno tiene su forma de pensar; ¡a muchos les entraba el miedo cuando les hablaba de Bill Evans!".

Visto lo visto, el tocaor decidió encerrarse en su propio piso sin más compañía que los discos y una vieja fotografía del pianista. "Le hablaba a la foto, 'venga, maestro, a ver qué hacemos'. Entonces escogía un tema, lo ponía, escuchaba dos notas, paraba, cogía la guitarrita y hasta que conseguía tocar aquellas dos notas igual que en el álbum. Y, luego, otras dos, y otras dos, y otras dos... al final, rayé los cedés de tanto echarles para atrás". Las noches en vela se sucedían las unas a las otras. "Aquello fue un suplicio, la cabeza me ardía. Para cada tema me tiraba una semana y, a lo mejor, al terminar me daba cuenta de que había cosas que corregir. Hubo momentos que estuve a punto de rendirme, si no llegar a ser por esos dos (Trueba y Limón)...".

El proceso creativo que ha conducido hasta Paz ha dejado sus frutos: once interpretaciones refrescantes y muy personales de otras tantas composiciones relacionadas con Bill Evans por haber sido él su autor o haberlas interpretado habitualmente, y un abultado catálogo de innovaciones técnicas que comprende acordes inéditos para la guitarra y una nueva afinación del instrumento, producto de "una paranoia que me dio una noche con tres cafés en el cuerpo".

En Paz, el tocaor cuenta con un plantel de invitados de lujo, incluyendo a la cantaora Estrella Morente y los jazzistas Jerry González, Tom Harrell, Joe Lovano y Freddie Cole.

"Mientras ellos grababan su parte en Nueva York, yo estaba de gira con Paco de Lucía y me traían las cintas con lo que habían tocado y, cuando las escuchaba, me preguntaba: '¿Pero qué hago yo aquí?". Completando la sección rítmica, el percusionista Horacio El Negro y el contrabajista Marc Johnson, antiguo acompañante de Bill Evans, quien afirma con convencimiento que "Josele ha capturado la esencia de los discos de Bill Evans mejor que muchos de los músicos de jazz". Palabras que son, para el guitarrista, la mejor recompensa que puede recibir. "Es que sólo ahora sé lo que estoy tocando. Ahora sé que ésta es una historia que no ha hecho más que empezar".
(publicado en El País 29/05/2006)

Aproximaciones a Niño Josele (I). N. J. interpreta la música de Bill Evans

22 Festival de Jazz de Madrid

Hace un cuarto de siglo, a dos manzanas escasas de donde nos encontrábamos, un pianista de jazz se dejaba media vida sobre el teclado. Bill Evans estaba literalmente muriéndose cuando actuó en el Balboa Jazz Club. Hoy, un flamenco de nuevo cuño recuerda al jazzista con pasión de enamorado. Niño Josele, a solas con su guitarra, sus silencios y su Bill Evans que le tiene robado el corazón.

Él sólo, porque no hay quien le siga. En la puesta de largo de su proyecto neonato, comenzó acudiendo a la belleza clandestina, casi experimental, de Peace piece, escrita por Evans en el 1958. Como si no hubiera podido empezar por cualquier otra: tenía que irse a las antípodas de lo flamenco; a su antítesis. Valeroso este Niño Josele. Su acercamiento flamenco a la expresión ensoñadora de un creador torturado y sensible como fue Bill Evans sorprende y conmueve. Se la juega a cada paso y cada nuevo paso le adentra un poco más en un territorio virgen donde no todo está atado y bien atado.

Reinventar la guitarra

Para tocar a Bill Evans ha tenido que reinventar la guitarra flamenca. Y nada parece frenarle. La segunda mitad, la interpretó acompañado por el anémico Marc Johnson, al que convirtió en un contrabajista de pelo en pecho; y por el vocinglero Horacio El Negro que, en noche inspirada, fue una flor de delicadeza.

Y todo ello sin necesidad de improvisar, suerte en la que el tocaor no anda todavía muy ducho. Da lo mismo. La del sábado fue una de esas noches gloriosas de las que se hablará. El comienzo de algo importante.


Enrico Pieranunzi, piano; Marc Johnson, contrabajo; Niño Josele, guitarra; Horacio El Negro Hernández, batería. 12 de noviembre. Centro Cultural de la Villa, Madrid.

(publicado en El País 14/11/2005)