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lunes, 21 de noviembre de 2011

LA DIFERENCIA ENTRE ROY HAYNES Y ERIC McPHERSON



A mis amigos les encanta Fred Hersch. A Antonio Muñoz Molina le encanta Fred Hersch. Para el escritor, es el mejor pianista de jazz del mundo mundial. A mucha gente, bueno, no tanta, Fred Hersch le parece el mejor pianista (de jazz) sobre el planeta tierra. Luego está la otra parte del mundo que no sabe quién es Fred Hersch.

Me llama la atención la pasión que desata Fred Hersch entre mis amigos. A lo mejor tienen razón y es el mejor pianista (de jazz) del mundo, y yo no me he enterado. No lo sé, no estoy seguro, pero ¿cómo podría estarlo?.

Mis amigos fueron a escuchar a Fred Hersch (algunos vinieron de my lejos) en Madrid y salieron contentos y felices. Para algunos, fue el mejor concierto que habían escuchado desde… bueno, desde hace mucho tiempo. Y yo respeto la opinión de mis amigos, incluso la de los que no lo son, aunque, a veces, ellos no respeten la mía. Pero qué se le va a hacer.

A mi no me gustó Fred Hersch. No me gustó la primera vez, cuando le escuché tocando a solas en Vitoria, y lo mismo la semana pasada, en Madrid. Cuando digo que no me gustó quiero decir que no me produjo un nudo en el estómago hasta hacerme sentir en el centro de un universo inédito de sensaciones que sólo el mejor jazz puede provocar. A lo mejor es que no tengo lo que sea que uno ha de tener para disfrutar con su música. Esas cosas nunca se saben. Conste que no lo hago a propósito.

Me gustan algunos de sus discos, y casi ninguno por entero. Los hay –“Alone at the Vanguard”, por ejemplo- que me hacen pensar que el jazz ya no va a ser el mismo después de escuchar al pianista tocando “Down home”, y cuando voy por la mitad ya estoy pidiendo la hora. Es un fenómeno que me ocurre con él y algún otro, como una nube cargada de promesas que se va disolviendo según avanza. A lo mejor es uno, que es incapaz de mantener la atención en según qué situaciones, y el hombre hace lo que puede.

Vale, Fred Hersch es un gran músico, un tipo sensible, pero ¿de verdad que ese “ese” gran músico por el que mis amigos y Antonio Muñoz Molina beben los vientos?. ¿Acaso mis amigos y Antonio Muñoz Molina no pueden estar buscando consuelo en la música de Fred Hersch ante el hecho irreversible de los tantos que ya nunca podrán escuchar sobre un escenario?. Que no digo que sea así forzosamente, aparte de que eso reduciría a Hersch a la categoría de mero copista, cosa que no es (tampoco es que sea un revolucionario, la verdad sea dicha). Uno puede que no sea un fan encendido de Hersch, pero tampoco es sordo. Formularé la pregunta de otro modo: ¿qué habría sido de Fred Hersch, hoy, de estar vivos y en ejercicio de sus funciones Bill Evans, y Tommy Flanagan, Duke Jordan, Sonny Clark, Hampton Hawes…?. Más aún: ¿qué fue de él mientras todos estos estaban vivos?. Una pregunta retórica: todos sabemos la respuesta.

En esto, como en tantas otras cosas, uno debe enfrentarse al ejército de los nostálgicos que, en el jazz, son mayoría, tanto como a los fans del morbo, que en Hersch tienen adonde agarrarse. Luego que, a los aficionados, ya se sabe, cuanto más desconocido es un músico, más nos gusta. Tenemos una necesidad imperiosa de descubrir talentos escondidos dónde sea. Nos gusta llevar la contraria: “¿Chick Corea?, ¡tú no has escuchado a Fred Hersch!”. Hay que aceptarlo: somos así, y no hay más vueltas que darle.

Pese al (relativo) fiasco de Vitoria, me gusta Fred Hersch en solo. Al contrario, no me parece que sea un músico para trío, o para “éste” trío, el de su concierto en Madrid, donde uno tira –John Hébert- para adelante y otro está demasiado ocupado pensando en la próxima jugada. ¿Puede un músico de jazz pensar demasiado?: naturalmente. Eric McPherson es la mejor prueba de ello. Un gran intérprete, y tan preciso como nadie pueda serlo tocando una batería. Pura matemática. Puro pensamiento en acción.

El jazz moderno está lleno de músicos que piensan demasiado y tríos que “interactúan” (la palabreja…), y pretenden acercarse a la música de una forma “orgánica”, sea lo que sea lo que eso significa. El jazz está atrapado en la palabrería, cuando hay palabras –“swing”- que han perdido su significado.

Vuelvo al concierto del otro día: cualquier intento de “swingear” –derivado de “swing”- fue reducido a cenizas por quien estaba decidiendo la frase que viene a continuación, salvo en los tempos rápidos (allí no hay tiempo para pensar). Primera regla: el jazz se piensa “antes” y “después”, nunca “durante”. Lo que son las cosas: la noche anterior al concierto de Fred Hersch, hubo quien pisó ese mismo escenario del teatro Fernán Gómez y no fue para nada “orgánico”, ni “interactuó” con nadie, simplemente tocó la batería de esa forma a la vez espontánea y sofisticada -!swingeante!- que un día caracterizó a los maestros del instrumento. Pero a Roy Haynes no hace falta descubrirlo… ¿o sí?.

Chema García Martínez

Dedicado a Guillermo McGill

miércoles, 16 de noviembre de 2011


Roy Haynes y los que la noche del martes 15 de noviembre de 2011, en Madrid, tuvieron algo mejor que hacer que ir a escuchar a Roy Haynes


La cosa, que Roy Haynes tocó un martes frío y desapacible en Madrid, ante un auditorio muy principal. La cosa, que el aforo estaba apenas mediado y, de esos, cuántos habían pagado la entrada. La cosa, que el suceso que carece de ningún tipo de explicación racional.

El aficionado es así de imprevisible. ¡Estamos hablando de Roy Haynes, por dios santo!.Uno recuerda a Dexter Gordon y a Sun Ra con su corte saturnina –y a Fela Kuti, Ravi Shankar, Astor Piazzolla…- en situaciones parecidas. Por dónde, sus descendientes –los de Fela, Sun Ra…- llenan lo que se les ponga por delante. Curioso.

Uno piensa que escuchar a Roy Haynes es un deber de militancia. Que el viaje vale la pena aunque sólo fuera por verle sentarse a la batería a su particular modo. Cada golpe suyo –ese drive seco, brioso, ligero- es una “Historia del Jazz” en sí mismo. Produce escalofríos pensar que ese mismo golpe, lo han escuchado, y disfrutado, Thelonious Monk y Coltrane, Miles, Parker...

Seguramente, Roy Haynes es la definición más perfecta del swing entendido como la conjugación de dinámicas que impulsan la ejecución colectiva hasta el infinito, y más allá. Un trozo del pasado más remoto que se hace presente en un Nuevo Orden que se ha olvidado del necesario respeto a sus mayores. Una reliquia. Su música –la que interpretó en su concierto del martes- es la misma con la que uno creció y que muy poco tiene que ver con lo que hoy pasea los escenarios del jazz. Una combinación espontánea y sofisticada a un tiempo, de tradición y transgresión y la más alta poesía.

Roy Haynes, 86 años, ante un patio de butacas apenas mediado, y rodeado de sus pipiolos, la “Fountain of Youth Band”. Su energía y dedicación admirables nos hacen pensar menos en un veterano en el curso final de su ejercicio profesional que en el maletilla dando el do de pecho ante su alternativa.

A cosas como éstas solían llamarle “Jazz”.

Chema García Martínez

lunes, 30 de noviembre de 2009

ROY HAYNES: "la batería es el fundamento del jazz"


Lleva en el negocio de la música desde 1945... y lo que le queda: "no sé cómo lo hago pero siempre estoy yendo a alguna parte a dar un concierto. Mis nietos me dicen que no tengo remedio". A sus 85 juveniles años, Roy Owen Haynes (Roxbury, Massachusetts, 1925) mantiene vivo el espíritu que le convirtió en el baterista favorito de Thelonious Monk, Stan Getz o Sarah Vaughan: "Todos me preguntan por mi secreto de la longevidad, pues bien: no tengo ni idea. Lo único que sé es que disfruto cada momento que estoy sobre un escenario. No hago ningún tipo de ejercicio ni un régimen, debería hacerlo, lo sé, pero no lo hago. Yo tendría que ser un tipo viejo, gordo y cansado que pasa el día viendo la tele, sin embargo, aquí me ve, disfrutando de la vida, de mis nietos, de la música... Hace algunas noches estaba en Delaware participando en un homenaje a Clifford Brown, toqué con Roy Hargrove y otros músicos muy jóvenes, y fue algo fantástico. Hacer este tipo de cosas me devuelve a la vida".

Aunque son muchos quienes acuden a él en busca de consejo, Haynes sigue negándose de forma categórica a seguir el camino de la docencia; lo que tiene que decir, lo dice a través de su música: "Procuro no hablar demasiado a los músicos con los que toco y que mi interpretación hable por mí. Al fin y al cabo, los jóvenes tienen hoy a su disposición un montón de escuelas donde se les enseña todo lo que hay que saber en torno al jazz. Yo no soy imprescindible. Sin embargo, la situación es un tanto paradójica. Por un lado, hay más chicos que nunca aprendiendo a tocar jazz, y a un tiempo, podría decirse que el jazz es un arte casi perdido; la música no llega a la televisión ni a la radio y no abundan los lugares donde tocarla. La pregunta es: todos estos músicos jóvenes, ¿dónde van a trabajar? En mis tiempos lo teníamos más fácil...".

En A Life in time (triple CD distribuido por Karonte) se recogen 40 interpretaciones del baterista junto a Etta James, John Coltrane, Sonny Rollins o su antiguo compañero de correrías, Miles Davis. Durante algunos años, Haynes y Miles fueron uña y carne. Ambos compartían la afición por la buena música, los trajes de marca y los deportivos: "Solíamos echar carreras a ciegas de noche por Central Park y luego iba Miles pavoneándose ante las chicas con que habíamos hecho pedazos un Oldsmobile o lo que fuera... aquella fue una época salvaje".

Como Miles, el baterista -elegido en 1960 como uno de los hombres mejor vestidos de América junto a Fred Astaire, Clark Gable y Gary Grant- se muestra particularmente reacio a hablar del pasado: "Los recuerdos forman parte de mi vida y no renuncio a ellos. La experiencia de haber tocado con Thelonious Monk o con Lester Young, Billie Holiday o Charlie Parker es algo que no se puede olvidar fácilmente. Cada uno de estos músicos era un mundo en sí mismo... con Lester a veces no te enterabas de qué narices estaba hablando porque tenía su propio idioma, igual que Monk. Pero ésa es una música que ya está hecha. Hay otra mucha que está por hacer y ésa es la que me interesa".

Roy Haynes tocará hoy en Madrid (Veranos de la Villa) y en San Sebastián, el 24 (Festival de Jazz), pasando por Alicante (22), Gijón (23) y Almuñécar (25). Junto al legendario baterista estarán dos instrumentistas de muy altos vuelos: Danilo Pérez, al piano, y el contrabajista John Patitucci: "Conocí a Danilo hace muchos años en un festival en Barbados. Nuestro representante es el mismo, y también el de John Patitucci, que entonces acompañaba a Chick Corea. Nos reunimos, nos gustamos y empezamos a tocar juntos, fue algo natural. Al cabo de muchos años nos volvimos a encontrar y nos planteamos la posibilidad de tocar en Europa, y en eso estamos. Todo lo que puedo decir de ellos es que son dos músicos fantásticos con los que me compenetro como si les conociera de toda la vida".

Ni Haynes ni sus acompañantes se han planteado la conveniencia de establecer algo parecido a un repertorio: "No tenemos ni idea de qué vamos a tocar en nuestros conciertos en Europa. Quizá reconstruyamos alguna pieza de Thelonious Monk, quizá algo de Chick Corea... es un poco como volver a los viejos tiempos en los que no estaba todo tan preparado, pero se supone que así es el jazz, una música improvisada".

Haynes afronta su gira europea con la ilusión de un recién llegado. "Es que me gusta tocar la batería, no puedo evitarlo. La batería es el fundamento sobre el que se erige el edificio del jazz. Un buen baterista debe tener dos cosas: una buena dosis de swing, porque si la música no tiene pálpito se muere; y buen oído. No basta con tocar para uno mismo, hay que saber escuchar a los demás músicos y conversar con ellos. No hay otro secreto".

(publicado en El País 13/07/2009)