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sábado, 7 de mayo de 2016


Los 50 años de profesión de un genio del jazz


Los artistas, tras el ensayo
De izqda. a dcha,: Javier Colina, Jerry González, Kirk Lightsey
Foto: JMGM


Sobrevivir a Jerry González


Jerry González está contento. Las cosas, confiesa, le van bien, “todo lo bien que pueden ir en éste perro mundo”, apunta. La noche en que conocimos la muerte de Gato Barbieri –“el Gato ha muerto, tío, puedes imaginártelo”-, Jerry celebra sus 50 años sobre los escenarios rodeado del cariño de los suyos, más quienes se acercaron al madrileño Café Berlín a ver de qué iba la cosa.  Con esto que el camerino del lugar se convirtió en la versión multiétnica del camarote de los Marx, selfie va, coctel “Jerry González” (marca registrada) viene.
 
El estreno del trompetista en el Berlín constituyó un pandemonio musical y pictórico (Marcos Míguez Puhinger trazando el retrato de los artistas sobre un lienzo en vivo y en directo) sin mucho orden y con esos pequeños desajustes que son la sal y la pimienta del verdadero jazz; una celebración de la vida y la música, lo que viene a ser lo mismo. Lo importante, que la cosa va a repetirse a partir a lo largo del año, con diversas actuaciones en diferentes locales de la ciudad y un suculento plantel de invitados al gusto del homenajeado. “En realidad, los homenajeados somos nosotros”, viene a decirme un adicto al jazz de los de alto standing, “que tenemos a un genio de la música viviendo en España”.

Volviendo a la noche de autos, estaba Jerry, su sombrero pork pie color marrón, casi negro, sus gafas innecesariamente negras;  y estaban quienes le acompañaron en su viaje gozoso por un repertorio nada convencional: Javier Colina, Daniel García, Santi Cañada y Kirk Lightsey, primero en la lista de aristas invitados, al piano; “¿recuerdas, Jerry, la última vez que nos vimos?”. Jerry tira de memoria, “en París, hace un par de veranos, creo…” chupito de ron importado para Kirk, botellín marca nacional para Jerry.  “¿te das cuenta de que cuanto más viejos somos, más rápido pasa el tiempo?”. Jerry se lo piensa, “!que nos quiten lo bailao!”, y suelta una de sus risotadas de pirata de película de reestreno en technicolor. Hay un fundirse los 2 en un abrazo; 2 miradas que se pierden en la noche de los tiempos… los viejos amigos no ocultan su felicidad.

“¿Te acuerdas cuando nos conocimos?”, los ojos de Lightsey como 2 platos, “Bradley´s era nuestra casa y la de todos los músicos de Nueva York. Se abría la puerta, “!eh, tíos, aquí estoy de vuelta!”, podía ser Hank Jones o Jaco Pastorius buscando banda para un concierto. Y ahí que nos fuimos tú y yo”. Jerry escucha divertido a su vecino de poltrona: “ese fue el comienzo de nuestro amor, querido Kirk”. Y nueva risotada. Y más arrumacos.

Kirk Lightsey –ilustre tapado del último medio siglo de jazz- ha ido de fino, Chet Baker, Woody Shaw y Dexter Gordon, esa onda; Jerry, neoyorquino de ascendencia española (“el bisabuelo de mi madre vino de Ribadesella para terminar siendo la mano derecha de Maceo en Cuba”) fue por el lado de la guapería, un quítate tú que me pongo yo. La ciudad, entonces, era una selva, literalmente hablando: “me crié en un área de bosque al norte del Bronx. Los críos nos subíamos a los árboles y nos fabricábamos lianas para tirarnos por los desniveles, como Tarzán”. La música fue, para Jerry, un imperativo categórico, y su tabla de salvación: “en donde yo nací, la honra se ganaba con los puños. Lo importante era que supieran que no ibas a aguantar mierda de nadie. A mí, la música me sacó de la calle.”

Trompetista o conguero, jazzista o salsero, y todo a un tiempo: “éste tipo tiene un sentido del ritmo como nadie que yo conozca”, sentencia Lightsey. “Lo que tú no sabes”, le contesta Jerry, “es que yo tocaba free jazz”. Y le cuenta de sus atardeceres conspirativos junto a los especímenes más delirantes de la new thing neoyorquina -Rashied Ali, Clifford Thornton- recién muerto Coltrane. De allí, a la pista de baile con Tito Puente. “Así era mi vida”, sentencia el interesado, “una puñetera locura”.

Corría el cambio de siglo cuando escuchó por vez primera a Camarón: “alguien me puso “Potro de rabia y miel” y me quedé de piedra”. Al poco estaba Jerry buscando su lugar bajo el sol de la noche madrileña, valga el contrasentido: “empecé recorriendo los garitos de flamenco, con mi trompeta y a lo que saliera. Claro que entonces no había otro trompetista que tocara flamenco”.

Y llego el Niño Josele:

-          - Oye, Jerry, que yo quiero tocar jazz”

-         -  “Pero si tú ya tocas jazz, sólo que no lo sabes”.
-           
Hay quien opina que lo mejor de éste Rimbaud del jazz latino” (Fernando Trueba dixit) es lo que no puede contarse. Jerry no está de acuerdo. Sus días de “vampiro internacional”, asegura, han pasado. El hábito, en su caso, no hace al chupasangre, por mucho que haya quién se empeñe en lo contrario.

Jerry González, y ésta es la noticia, ha sobrevivido a sí mismo.  El mundo del jazz tiene suficientes mártires en su santoral para tener que añadir uno nuevo: “por favor, bórrenme de la lista”, le dice al periodista mirándole directamente a los ojos. Ahora tiene cosas mejores en qué ocuparse. Su hija, Julia Amelia, de 2 años. Y Andrea, su compañera, que le ha devuelto la ilusión por la música, la vida.

Sea lo que sea, Jerry lo tiene.

-        -   “¿Y cómo te sientes, Jerry, con todo éste lío del homenaje?”

-       -    “Siento que voy a tener que comprarme ropa nueva”.

CGM

Y también...

domingo, 9 de agosto de 2015


HOY EN EL PAÍS



Jerry González rinde tributo a Miles

En la terraza de la antigua Casa de Pompas Fúnebres de la calle de Galileo reconvertida en centro cultural, González recordará hoy al genio

Pinchar aquí:


Jerry González Trío. Miles Davis Tribute.
Madrid. Centro Cultural Galileo (c/ Fernando el Católico, 35). 21:30h. 
Desde 10€


viernes, 21 de noviembre de 2014

Hoy en El País


Randy Weston (p) y Jerry Gonzáles (t) vistos desde las alturas.
Teatro de Bellas Artes, Madrid. 20 noviembre 2014
Foto: JMGM


El jazz y las ciencias exactas

Dice la máxima, “el jazz no es lo que haces, sino cómo lo haces”, con lo que se dice que, para el músico de jazz, importa el proceso

Pinchar aquí:
 

jueves, 4 de abril de 2013


Django Reinhardt

Los gitanos y el jazz

Sabemos que la música ha sido la expresión artística históricamente muy vinculada a los gitanos, pero hoy queremos dedicar especial atención a un género que comparte con la cultura gitana el valor de la libertad: el jazz.

Hacemos una amplia incursión en el mundo del jazz desde la sensibilidad gitana, y lo hacemos contando con todo un experto Chema García Martínez.

“Gitanos” (30/03/13)
Radio Exterior de España
Presentado y dirigido por Joaquín López Bustamante y Manuel Moraga


lunes, 18 de marzo de 2013


La vuelta al mundo de la trompeta en un día


Manuel Blanco, pasión pautada

Hay un trompetista que vale su peso en oro. Se llama Manuel Blanco, tiene 28 años, y no toca jazz, pero le gustaría. Ayer, domingo, tocó en el Auditorio Nacional de Música, en Madrid, el “Concierto para Trompeta y Orquesta núm. 2”, de André Jolivet, dentro de un programa dedicado al jazz y la cosa sinfónica en el que sonaron Milhaud, Bernstein, Gerhswin y Shostakovich, y aquello fue gloria bendita y santificada por la Curia Romana, el Sursum Corda, y el Papa Francisco en persona. Un descubrimiento, el muchacho.

Puede que Manuel Blanco no toque jazz, pero lo conoce. Nacido en  Daimiel, provincia de Ciudad Real, admira a Wynton Marsalis y a Chet Baker, sobre todo a éste. Su interpretación luminosa, en la que estuvo acompañado por la Orquesta Nacional de España en versión reducida, bajo la dirección de Jordi Bernàcer, revela a quien proclama con orgullo que no todo lo que ha tocado está en la partitura; “como en el jazz”, añade.

Blanco sabe que hay cosas que no están en los papeles, y lo demuestra en el “bis”, una hermosa versión de “Balada Galaica” de Iturralde en formación de cuarteto, que sus acompañantes leyeron nota por nota y él leyó directamente del interior de su alma, intermediarios abstenerse.


Jerry González, pasión desbocada

Foto: JMGM
Jerry González, el alma se le sale a cada nota que brota de su trompeta con sordina. En el Café Central, acompañado por Javier Colina, al contrabajo, y Nirankar Khalsa, a la batería, sólo toca standards (hasta ayer). Mucho Monk, alguna sorpresa (“Lester leaps in”). Jerry arranca por donde le sale y ya puedes estar al loro si no quieres verte en un aprieto; por suerte el jazz no es una ciencia exacta. 

La trompeta de Jerry es un eco doliente que traspasa epidermis e incendia corazones (solitarios o no). Pasión desbocada, irrefrenable. Jerry González -la mirada fija en un horizonte lejano situado bajo sus pies- no es Wynton Marsalis. “Ni falta que hace”, apostilla Manuel Blanco.

Pues eso.

Chema García Martínez
Foto: JMGM

sábado, 17 de septiembre de 2011

foto: J.M.G.M.


Hoy en El País
(edición impresa)

"A la mayor gloria de Jerry González"

miércoles, 8 de abril de 2009

Jerry González: "el jazz no se graba en pistas"


El trompetista neoyorquino afincado en Madrid presenta estos días su segundo disco grabado en España, Music for big band, en compañía del bajista Miguel Blanco. Jerry González creció y se formó profesionalmente en el jazz latino, pero ahora es un enamorado de la música flamenca. Sueña con integrar ambas músicas en la estela de Miles Davis.

Jerry González nació en Manhattan, entre la 58 y 3ª Avenida, un 5 de junio de 1949. Ahora lleva más de seis años recorriendo con su inseparable trompeta las calles de Madrid. En este tiempo se ha convertido en un habitual de los escenarios del jazz y el flamenco. En estos días edita su segundo disco como líder grabado en nuestro país, con arreglos orquestales de Miguel Blanco. "Nací como se nacía antes, en mi casa y con una comadrona. Hasta los 4 años en que subimos p'al Bronx para un caserío grande nuevecito que pusieron para la gente pobre, y mi familia fue corriendo pa'llá, pa meterse, y allí había una mezcla de puertorriqueños, irlandeses, italianos, judíos, chinos, cubanos, colombianos. Todo el mundo estaba allí", cuenta en su curioso spanglish de acento puertorriqueño.

Jerry mamó los ambientes musicales desde niño. "Mi padre conocía a la familia de Mario Bauza. Su orquesta era lo máximo: en cuanto les escuchaba, me picaban los pies, ¡tenía que ponerme a bailar!". Pasado el tiempo, si algo distingue al músico boricua es su amplia cultura musical forjada al contacto con los pioneros. "El jazz latino existe conmigo. Aparte de mí, lo que hay son salseros sin educación", dice hoy.

Dedicado profesionalmente a la música desde 1969, González ha tocado con músicos de una y otra tendencia, desde Dizzy Gillespie y George Benson a Chico O'Farrill, los hermanos Palmieri, el Grupo Experimental Nuevayorquino o con su propia Fort Apache Band, con la que tiene grabados tres discos para el sello Fantasy, "el cuarto lo tienen ellos, pero no lo sueltan y no me pagan, y yo no tengo para pagar abogados".

Finalizando los noventa, el trompetista aterrizó en Madrid. "Los primeros días me iba a los sitios de flamenco con la trompeta. Nadie me conocía, pero, al final, todo el mundo se ponía a vacilar y yo gozaba mucho. Ésa fue mi entrada en la onda flamenca". Uno de sus primeros fans españoles fue el productor Javier Limón. "Me quedé en casa de su madre un par de semanas y él me llevaba todos los días a su estudio de grabación. Allí conocí a El Cigala, al Niño Josele y a Ramón el Portugués. La cosa es que le tomamos el gusto a reunirnos y empezamos a inventar cosas y a montar algún tema medio en broma, hasta que alguien me dijo: 'Oye, que estamos haciendo tu disco'. ¡Pero si yo pensaba que estábamos vacilando nada más!".

Fernando Trueba -que contó con él en Calle 54, su filme documental sobre el jazz latino de Nueva York- produjo el primer disco de Jerry con Los Piratas del Flamenco. "De la nada me vi con veinte mil dólares en el bolsillo y ahí es cuando pensé: '¿Qué estoy haciendo en Nueva York? Me debo quedar aquí que es donde están pasando cosas". El trompetista fue aceptado como uno más en los círculos flamencos. "Es por la forma en que me meto intuitivamente, que les cae bien".
Cinco años después, Jerry amanece con un segundo disco como líder grabado en nuestro país. "El disco empezó con Miguel Blanco y yo tocando en dúo el bajo y la trompeta en el club de Madrid, y él gozando mucho y venga a darle con que si me interesaba tocar con una orquesta, y yo diciéndole, 'claro, cuando tú quieras'. Entonces pasaron varios meses y yo ya pensaba que había hablado por hablar nada más y de repente, que me llama: 'oye, que estamos en el estudio ya grabando, ven pa'cá a tirar unos solos".

Grabar Music for big band no fue tarea fácil. "Yo tengo mis ideas y Miguel tiene las suyas. Sobre todo porque a él le gusta mucho el overdub. Pero el jazz no se hace así, se hace en el momento. Mira a Gil Evans, a Duke Ellington, a Charles Mingus, todo el mundo está ahí, tocando en directo. Así es que se hace la cosa. El jazz no se graba en pistas, se le va todo el sentimiento".

El repertorio de Music for big band se construyó en el propio estudio de grabación. "Yo venía con los temas, se los cantaba a Miguel y él los escribía. Hicimos un arreglo del tema de Larry Willis Nightfall, en recuerdo a Fort Apache. La Rumba pa'Kenny la creamos en el estudio; y hay un par de números flamencos. Pero a mí me gusta más montar las cosas en el momento, 'tú tocas esto y tú esto otro y vamos pa'lante".

Mientras se prepara para la gira de conciertos de presentación de Music for big band, en el horizonte del trompetista asoman nuevos proyectos. "Lo que yo quiero hacer ahora es otro Sketches of Spain acompañado por una big band con palos flamencos de verdad", adeltanta Jerry González. "Cuando grabaron Sketches..., Miles Davis y Gil Evans picaron de los discos que pudieron encontrar con música de las procesiones de Sevilla, pero yo tengo más conocimiento flamenco que ellos. Por eso quiero hacer un disco que cuando lo escuchen los gitanos digan: 'Esto es realmente flamenco".

Music for big band está editado por Universal

(publicado en el suplemento Babelia de El País 16/09/2006 con el título "El jazz no se graba en pistas, se le va todo el sentimiento")