martes, 9 de noviembre de 2010

GUILLERMO McGILL HABLA DE SU PRÓXIMO DISCO


THE ART OF RESPECT-GUILLERMO MCGILL

En noviembre pasado (2009) tuve un encuentro con Dave Liebman, que venía a tocar al Festival de Jazz de Madrid. Le planteé la posibilidad de grabar juntos de nuevo. Es un músico que conocí hace más de 20 años y que siempre me ha acompañado en momentos clave de mi carrera, como una especie de maestro/guía. Su respuesta, como siempre, fue positiva. Hablamos de grabarlo en Nueva York y me preguntó con quién quería grabar, a lo que respondí en seguida que con los otros dos músicos con quienes siempre he querido tocar: John Abercrombie y George Mraz. Con el primero había tocado junto a Paolo Fresu y Ronan Guilfoyle en Irlanda, a principio de los 90, y con George Mraz había coincidido en dos discos junto a Chano Domínguez. Ellos tres, por otra parte, también han participado desde hace años en muchos proyectos en común, con lo cual la formación, además de tener un gran equilibrio musical, cobró mucho sentido personal.

Para mí ha sido conseguir una meta artística muy difícil de imaginar siquiera: que estos tres músicos, que desde siempre admiro profundamente, vayan a grabar música compuesta por mí. Por ello ha sido muy simple componer la música, ya que ELLOS han sido mi influencia, además de la tradición flamenca y afroamericana, que también queda como siempre reflejada, aunque de una forma que no resulte una barrera para ellos. El objetivo número uno es que la música fluya, cosa que sin duda ocurrirá.

Toda la producción ha sido coordinada por Dave Liebman, incluyendo la elección del estudio y del técnico de sonido. Las dos sesiones se realizarán en el Benettstudios, en Englewood, NJ, propiedad de Dae Bennett, hijo del legendario cantante Tony Bennett, y la grabación la realizará John Fishell. Me acompaña en el viaje Oscar Herrador, técnico y amigo con quien compartimos producciones y actuaciones desde hace mucho tiempo, quien se encargará de la mezcla y masterización final.

Hay momentos clave en la vida, unos pocos, en los que un pueblo o una persona nos enseña algo de una profundidad y trascendencia que hace que nuestra vida, a partir de ese momento, tome un nuevo camino. Esto que suena tan sencillo no lo es tanto si tenemos en cuenta que para cada uno de nosotros una idea nueva es como un virus. Nuestro sistema inmunológico, en forma de ignorancia y falta de respeto, en principio la rechaza. Además, este mecanismo es generosamente azuzado por nuestros queridos medios de comunicación.

La experiencia más radical que tuve en este sentido fue el 15 de febrero de 2003, en Manhattan precisamente, donde, después de toda una vida demonizando los Estados Unidos de América (práctica más que común entre la intelectualidad progresista), me vi en esas calles con una bandera de ese país en la mano izquierda, protestando junto a uno de los pueblos más inteligentes, coherentes y valerosos que he visto nunca, en contra de una guerra que se libraba en su nombre, y que ellos rechazaban de la forma más clara y contundente. ¡Qué paradoja! Una masa de 500.000 personas enseñando a una persona algo tan sutil y profundo. Para ellos hice People from Manhattan, a pesar de que, como todo el mundo sabe, nadie ha nacido nunca en Manhattan.

Las otras composiciones muestran hechos similares: People from Khartoum habla de la oportunidad de conocer una gente educada y respetuosa como pocas veces he visto, en contra de la imagen violenta y sectaria que del Islam en general, y de ellos en particular, es reflejada.

People from Bulgaria es un homenaje estrictamente musical a un pueblo fronterizo, situado en una zona históricamente muy conflictiva, pero cuya cultura es de una profundidad y sutileza que ponen en duda los estereotipos.

People from Montevideo es un sentido homenaje a mi gente, que algún día, cuando la perspectiva se lo permita, se reconocerán como el pueblo verdadero, amable, culto, humilde, orgulloso, fuerte y alegre que es. Me siento muy orgulloso de haber nacido en el Uruguay, el Río de los Pájaros Pintados.

People from Nowhere es una reivindicación de la identidad de aquellos que somos eternos viajantes, de los que vemos la vida desde un lugar en el aire, casi desde todas partes, más que desde el “terruño”, como los establecidos. Relativizamos todo lo que vemos porque tenemos la profunda certeza de que nada es totalmente cierto. ¿O sí?.

Heart Jones es mi tributo a quien ha sido la luz de mi instrumento, quien ha formado parte del cuarteto más espiritual que la música ha dado y que hace unos pocos años nos dejó: el maestro Elvin Jones.

Soul people es una carta de ánimo, más que homenaje, para la gente que se ocupa de los asuntos del alma por vocación. En estos años que nos esperan tendrán mucho trabajo debido a los cambios que observaremos en nuestro mundo y, por tanto, en nuestras vidas.

Now I see you es una carta de amor. A quien quiero, quiero verla tal como es. Acepto. Soy un hombre. Soy valiente. Puedo ver que lo que más me gusta tiene mucho que ver con lo que menos me gusta. De ti, y de mí mismo. A caminar.

Por último Beodus y Cielo son dos composiciones que ya tienen unos años, pero con el peso suficiente para ser nuevamente registradas y así tener otra versión de cada una. La primera se refiere a aquellas personas que no aceptan la sociedad en las que les ha tocado vivir ni son aceptados por ella, y, aún así, conservan intacta su capacidad de enseñar y de amar. Suele tratarse de superhéroes en horas bajas. La segunda es para aquellas personas que no están físicamente, pero nos acompañan mucho más que la mayor parte de la gente con la que nos cruzamos cada día, sencillamente porque nos superan ampliamente en número y se encuentran más cerca de los astros, plano superior al nuestro.

Estoy seguro de que estos tres señores con sesenta años cumplidos, con un arte y una experiencia destilados a lo largo de brillantes carreras, serán la mejor garantía para expresar estos conceptos de respeto, amor y valor.

Guillermo McGill

12/10/2010, a 48 horas de tomar el avión hacia Nueva York…


El responsable de este blog quiere agradecer encarecidamente tan preciosa aportación a su autor. Una vez más, Guillermo demuestra que, pese a las apariencias, existe vida inteligente en el jazz...


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