sábado, 8 de enero de 2011

CHARLES LLOYD: VIAJERO DEL ESPÍRITU

foto: Javier Nombela


Se me había advertido: imposible mantener una conversación medianamente coherente con Charles Lloyd (Memphis, 1938); un tipo raro, alérgico a las entrevistas. Si, finalmente, me había concedido algunos minutos de su preciado tiempo, podía esperarme cualquier cosa. La realidad fue muy otra.

Cara a cara con el supuesto ogro, resultó ser un sujeto beatífico y lleno de candor. Eso sí: de Sangam, su nuevo disco, mejor no hablar. "Es que no tengo nada que decir. El disco está ahí y cada cual que saque sus propias conclusiones. Me gusta hablar de lo próximo que voy a hacer, no de lo que ya está hecho".

Para el saxofonista, considerado entre los más afinados discípulos del gran John Coltrane y un nombre por derecho propio en el jazz contemporáneo, cada disco es un viaje a lo desconocido. "Acudo al estudio con algunas ideas anotadas y eso es todo. Me parece más interesante dejar que el viento nos lleve por donde quiera: la intuición y la camaradería siempre encuentran caminos nuevos".

Un creador con muchos álter egos musicales: lo que ayer fueron Keith Jarrett o Michel Petrucciani, hoy lo es el percusionista hindú Zakir Hussain, a quien puede escucharse en Sangam junto al baterista Eric Harland. "Necesito músicos que estén en mi sintonía; que sean capaces de ir más allá y entiendan que debes pagar un precio si quieres llegar a lo más profundo. Gente de pensamiento elevado y de vida sencilla, como Hussain".

Con otro de sus compinches, el batería Billy Higgins, grabó Lloyd el crucial Wich way is East. "Billy es el músico más importante en mi vida. Le conozco desde que yo tenía 18 y él 19, y vivíamos en California. Estábamos todo el día tocando juntos, y con Scott LaFaro y Don Cherry. Más tarde, nos mudamos a Brooklyn. Entonces, todo el mundo vivía ahí: Ornette Coleman, Coltrane, Bob Dylan..., había ese sentido de comunidad que hoy es imposible, porque no hay músico que pueda pagar los alquileres de la ciudad". La Gran Manzana separó a los amigos inseparables. "Billy tenía un espíritu enorme pero también era muy autodestructivo. Por eso no me dejaba acercarme a su círculo, porque no quería que yo fuera más lejos".

En el año 1964, el saxofonista pasó a formar parte del sexteto de Cannonball Adderley. "Tocábamos en el Jazz Workshop de Boston y había un chaval tocando el piano en el piso de arriba que me llamó la atención. Se llamaba Keith Jarrett". Junto al luego afamado pianista, Lloyd dirigió el primer -y, casi, el único- combo de jazz al que escuchaban las audiencias alucinadas del Flower Power. "Todo empezó porque había un grupo de actores en torno a John Belushi solía acudir a escucharnos a un lugar llamado El Matador, en San Francisco. Flipaban con nuestra música. No tenían ni idea de jazz pero eran capaces de dejar de beber para escucharnos. Fueron ellos los que nos hablaron de un sitio llamado The Fillmore donde actuaban los astros del rock y el blues".

La táctica empleada por George Avakian vendiendo al cuarteto como si de un conjunto rock se tratara (un millón de ejemplares vendidos de su álbum Forest Flower), terminó por ahogar al grupo en su propio éxito. En 1969, su líder y principal solista optó por la disolución. "Estaba quemado. Necesitaba apartarme de todo eso". Siguiendo el ejemplo de su colega Sonny Rollins, Lloyd lo dejó todo. "Había estado viviendo en el meollo del negocio musical y me estaba empezando a afectar: las drogas, el éxito... así que lo envié todo a paseo e inicié un viaje espiritual buscando una vida más sencilla y profunda". De la dorada Malibú a la abrupta región de Big Sur. "Vivía con lo justo, entre las montañas y el océano, completamente aislado. Solo yo y el Espíritu. Me pasaba el día leyendo, comiendo lo básico y meditando".

El regreso de Lloyd al mundo de los vivos, en el año 1977, significó el reencuentro con su viejo amigo Billy Higgins. "Nos reconocimos el uno al otro como dos que habían vuelto a nacer. Ambos habíamos dejado mucho atrás. En el caso de Billy Higgins, se había transformado en un sufí. Su espíritu se había hecho fuerte. Dinero, mujeres, drogas, ahora pasaba de todo eso".

Hacer música: para Lloyd, una forma de elevar la mirada sobre la mediocridad imperante. "Al final, todo consiste en cantar una melodía desde el interior del alma; algo que ayude a liberar el espíritu. Ése es mi sueño. Un ejemplo: cuando el 11-S, estábamos en el Blue Note y tocamos una canción de Silvio Rodríguez, Rabo de Nube. De repente, todo el auditorio estaba en lágrimas. Algo ocurrió, como si esta pieza hubiera liberado algo muy profundo".

Chema García Martínez

"Sangam" está editado por ECM-Nuevos Medios.

(Publicado en El País 01/04/2006)

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