domingo, 14 de junio de 2009

A day in Harlem

El Bulevar Martin Luther King, Jr. (125th Street) desde la estación de Metro de Lexintgon AV .

Presumo de conocer medianamente la ciudad de Nueva York, a la que he viajado en repetidas ocasiones y bajo distintos mandatos presidenciales. Con esto que uno, a la que va o le hacen ir, puede dedicarse a las cosas que le entran en gana sin verse en la necesidad de cumplir con el rito del turista de subirse al Empire State o pasear la mirada por los escaparates fulgurantes e inaccesibles de Tiffany´s. Y, aún, así, había asunto que se me resistía año tras año y visita tras visita. Hablo de la tradicional misa góspel del domingo por la mañana en Harlem incluida en todos los tours turísticos por la ciudad. Problema: para asistir a una ceremonias de aquellas, uno debe llegarse al barrio a horas impropias y guardar cola, o residir en el mismo. Eso, o que uno termine de llegarse a la city y ande a esas horas sobrevolando sus calles bajo los efectos del jet lag, con lo que acudir a la cita tempranera no significa esfuerzo alguno.

Lo que sigue es el testimonio gráfico de una mañana de domingo en Harlem...

Mujeres de tertulia a las puertas de una peluquería. Una escena recurrente


En los años veinte, Harlem fue el centro de la cultura negra. En sus calles se gestó una auténtica revolución en la música, la literatura y el teatro: el "Harlem Renaissance"

"Homeless" en Harlem


"Welcome to the Independent Republic of Harlem"


Desde el fin de las "Guerras del Crack" a mitad de los años noventa, el índice criminal en Harlem ha descendido un 73%


Harlem: el único lugar del mundo donde puede escucharse a un trompetista tocando "Kind of Blue" por la calle


El teatro Apollo: donde nacen las leyendas.

Los efectos de la "Obama Manía" se dejan notar en Harlem como en ningún otro lugar


La Misa de Adoración en el Greater Refuge Temple. Simplemente, inenarrable.

Las damas de blanco a la salida de misa. El espectáculo está en la calle.

Mannas: auténtica "soul food" en el corazón de Harlem.

Todas las fotos: J. M. García Martínez

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