sábado, 27 de junio de 2009

San Miguel y San Juan


Se murió Wacko Jacko y se armó la de dios, el personal llorando por las esquinas y el médico del difunto en paradero desconocido, qué cosas.


A servidor la muerte de Michael Jackson le sorprendió en un garito de jazz de la ciudad en la que reside, al término de lo que estaba anunciada como una sesión de dance & swing y en la que hubo ambas cosas. Gente joven, mayormente, de la última hornada, tanto "sobre" como "delante" del escenario.


Primero fueron los rumores. Luego la confirmación.


- “Se ha muerto Michael Jackson”, me susurra al oído quien acaba de enterarse.


- “Ah”, le respondo, impactado por una noticia que rivaliza en mi interés con “La pesca artesanal del mejillón en ciertas regiones remotas del Canadá”.


Pronto pude darme cuenta de que yo era el único al que la noticia parecía no afectarle pues fue conocerse/confirmarse la misma e iniciarse un coro de lamentos, como si a los presentes se les hubiera muerto la parienta, peor todavía.


- “Michael Jackson forma parte de mi vida”, trataba de explicarme el pianista nada sospechoso de escuchar Thriller todas las noches antes de dormir.


- “Caramba”, volví a responder, pretendiendo esta vez estar a la altura del dramático acontecimiento.


Ahogado por las lágrimas y con los mocos colgándole, el dueño del establecimiento buscó en vano un disco del difunto con el que rendirle tributo. A cambio, nos obsequió con “Lo Mejor de Billy Idol vol. 1”, que uno no sabe muy bien que tienen que ver el uno y el otro salvo que Idol es de raza blanca, como Jackson.


Eso fue el jueves.

Luego que ayer mismo, viernes, disfrutamos de lo que empezó siendo un acto reivindicativo y terminó en fiesta y en jolgorio, con lo de “Salvemos el Johnny” (el San Juan Evangelista, o sea), que ya está salvado, o eso dicen, que con los de los dineros uno tiene que tener siempre la cartera a mano por lo que pueda pasar. Lagarto, lagarto.


Uno, que pudo disfrutar del acontecimiento en la mejor compañía, volvió a recorrer los viejos camerinos remozados del colegio convertidos en la réplica mejorada del camarote de los hermanos Marx. Y más luego, brincó los pasillos del teatro colegial cual marsupial en celo con el Wyoming y Jorgito Pardo haciendo trizas Johnny be good, que vaya tela; y el "one and only" Kiko Veneno y Volando voy, que puede que no fuera esa, pero ya se sabe que a ciertas horas todos los kikos son pardos.


La de anoche fue una idem (noche) cargada de promesas y de recuerdos, demasiados, seguramente. Lo que tiene cumplir años.

Moraleja: dejemos que los unos lloren al rey muerto, los demás seguiremos celebrando al Johnny vivito y coleando. Por muchos años.


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