jueves, 17 de marzo de 2011

TODO LO QUE QUISE DECIR SOBRE MICKY...

foto: C. G.

Todo lo que quise decir sobre Micky y no pude porque Micky no me dejó (*)

A uno no le llaman todos los días para presentar en conferencia –acudo al término demasiado convencional para describir lo que pudimos vivir en Espacio Bop el jueves, 10 de marzo- a Micky, alias Miguel Ángel Carreño Schmelter. Una idea –la de servidor presentando al legendario “Hombre de Goma”- lo suficientemente disparatada como para seducirme totalmente y sin remedio (**). Y es que uno es un Hombre de Goma frustrado. Desde que, siendo niño, me llevaron a ver “Megatón Ye-Ye”. Desde entonces que quiero ser el Hombre de Goma en lugar del Hombre de Goma.

Uno, por entonces, caía rendidamente enamorado de cualquier cosa con faldas y mirada lánguida que desfilara antes mis infantiles pupilas por la gran pantalla. La lista de mis novias cinematográficas es extensa y, vista a ojos de hoy, un tanto desconcertante. Hasta que llegó “Megatón Ye-Ye”, año de gracia de 1965. Ahí cambió la cosa. Ahí me hice mayor.

Para mi sorpresa, pude comprobar que no me importaba que Mochi –el “prota”- terminara llevándose a la chica, ni que Micky –su contrapartida- no se comiera una rosca. Bueno, María José Goyanes no era mi tipo (lo siento, María José) y Micky era, definitivamente, mucho más divertido. A su lado, Mochi resultaba un pasmado con un pésimo gusto musical. Yo quería ser Micky y punto.

Vi “Megatón Ye-ye” un millón de veces, aproximadamente; mi “peli” favorita hasta que llegó “Los chicos con las chicas” (“Los chicos del Preu” resultaba un poco ñoña para mi gusto). Y allá me iba con los amiguetes por las calles de Argüelles, mi barrio, cantando “I´m over”, “Ya no estás”, “Sha-la”… “!vamos chicas!”. Y las chicas, claro, no venían.

La cosa, que yo era un mocoso sujeto a las limitaciones propias de mi condición –maldición, más bien- de “hermano pequeño”. El último en sentarse a la mesa y el primero en ser expulsado de los guateques que organizaban mis hermanas mayores en cuanto la cosa se ponía interesante. Como venganza, los de la panda nos montábamos nuestros propios fiestorros con los pocos discos de 45 rpm. que sustraíamos subrepticiamente del estante correspondiente –un repertorio variopinto que incluía a los Beatles, Raphael, Tom Jones y Adamo- y las todavía más escasas chicas a las que traíamos engañadas, unas estrechas, pero no teníamos dónde elegir. “Aguantoformo”. Por no hablar de su muy escaso gusto, el de las chicas, que ni mis exhibiciones atléticas de “Hombre de Goma” las enternecían en lo más mínimo. En una de aquellas bacanales, terminé haciendo cabriolas subido al respaldo de un butacón hasta que el mueble cedió proporcionándome la oportunidad de comprobar la fragilidad de mis huesos que, definitivamente, no eran de goma. Pero ni aún hallándome postrado en la casa de socorro en la que fui atendido de fracturas varias y un par de dientes rotos flaqueó mi ánimo, Mi fidelidad a Micky estaba más allá de un pequeño accidente doméstico, por más que mi reputación como Hombre de Goma hubiera terminado como yo mismo: por los suelos.

Pasado el tiempo, algunos siguen siendo de goma a los casi setenta tacos; otros hemos terminado en crítico de jazz, quien nos lo iba a decir. Me contento con alimentar un sentimiento enfermizo de frustración y envidia cuando veo al cantor-contorsionista llegándose al escenario en Vespa -tiempos de un Madrid pre-gallardónico- y con pelucón; tal cual, el que utilizó Carrillo para entrar de tapadillo en el país (en
http://www.youtube.com/watch?v=1_c_OtgN3og). Vale la pena echarle un vistazo a los comentarios que ha colgado el personal, la mitad de ellos en inglés, gente que se asombra de que hubiera Rock & Roll con Franco. Sabrán ellos.

En el espacio virtual de la Red de Redes, Micky –“nuestro” Micky- compite por los primeros puestos en Google con el “otro” Micky de voz estridente y orejas como antenas parabólicas, el Micky de los dibujos animados, con ventaja para el primero. Entre nosotros: no hay color.

Me asusto de los taxis,
me dan miedo las viejecitas,
me gustan los marcianos,
no me gustan las excursiones...
(“Megatón Ye-ye”)

(*) Pero uno sabe a lo que se arriesga cuando se le invita a presentar a alguien como Micky

(**) Gracias le sean dadas a Lorenzo Alonso, “factotum” de la sala, por la invitación.

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