jueves, 13 de agosto de 2009

El rincón de Angel Rubio: KARMA Y CHOCOLATINAS capítulo One.

El bajista “H”


En aquella época, estábamos trabajando mucho con una cantante de Kenia, por supuesto negra, en concreto de la etnia Kikuyo, muy parecida a los Massai. Hacíamos estándares, algún tema mío y un par de adaptaciones jazzísticas de canciones tradicionales keniatas.

“H” era (y es, porque eso no se quita ni con medicaciones fuertes) francés. Además de su controvertida nacionalidad, era uno de los músicos más versátiles, talentosos y creativos que he conocido, aunque también una de las personas más frágiles y manipulables con que me he topado. Además del bajo eléctrico con y sin trastes de cuatro, cinco ó seis cuerdas, se defendía con el piano, la batería, la flauta y el violín, era buen percusionista y “of course” (éramos pocos y...), también tocaba la guitarra.

En una ocasión le presenté a un tipo que se consideraba un virtuoso del “didjeridoo”, ese tubo de madera comida por las hormigas australianas que emite un sonido grave. Pues en menos de cinco minutos, “H” aprendió a tocarlo haciendo uso de la respiración circular y todo para estupefacción del “didjeridooista” aquel y asombro mío. En otra nos invitaron a un concierto de músicas de Mongolia...yo no lo sabía, pero estos mongoles hacen polifonía dando dos tres y hasta cuatro notas a la vez con la garganta...doce días después, era capaz de dar las dos o tres más asequibles, incluidos unos armónicos agudos casi inaudibles.

Como estábamos experimentando con mezclas de músicas étnicas para el CD de Black Market, nos hicimos con unas cañerías negras de PVC que, cortadas a la medida adecuada, sonaban sopladas por “H” como auténticos dijeridoos australianos. El único inconveniente era que, a menudo, haciendo una introducción con el didjeridoo, “H” entraba en una especie de éxtasis místico debido, supongo. a la hiper-oxigenación producida por la respiración circular, y entonces, la introducción que debía durar uno o dos minutos se iba hasta seis o diez, para irritación del batería que no era nada místico y odiaba tocar un gong suavemente durante tanto tiempo...

Las discusiones entre H y Pepe “el percuta” eran interminables. Además de esos trances místicos ocasionales, a Pepe le indignaba que “H” no tocara el contrabajo, el "de verdad". Al principio yo le ayudaba a defenderse, pero rápidamente aprendió a defenderse solo, y contestaba que a él le gustaría un percusionista que, además de la batería, tocase congas, djembe, timbales cromáticos y marimba, sin hablar de vibráfonos diversos...

Sorprendentemente, al poco tiempo le convenció (Pepe a “H”) de que estudiara un poco el contrabajo, para lo cual, (todo sea por mantener al grupo unido y en paz) traje mi viejo contrabajo que estaba a la venta con poco éxito en una tienda de Nueva York. Solo dos semanas después grabamos una cinta de estándares con “H” al contrabajo perfectamente afinado, con buen sonido y un sólido swing. Realmente apabullante. Y todavía dijo que no era tan distinto de su bajo “fretless” (sin trastes).

Poco después, “H” se enamoró locamente de la cantante keniata. En general era bastante enamoradizo, pero en este caso la cosa se complicaba porque la “cantanta” era casada. La cosa duró solo dos meses y “H” se quedo destrozado, abandonado, etc. Aunque estábamos a punto de grabar un disco, el grupo se disolvió, como suele ocurrir en estos casos...

“H” vagaba por Madrid como alma en pena, apareciendo en mi casa a las tres del a mañana para comprobar si era yo el nuevo amante de su ex cantante, nada más lejos de la realidad, por cierto. Le vi tan hecho polvo que le invité a pasar el verano conmigo en Ibiza. Allí podríamos tocar con un batería distinto, más tolerante y comprensivo, y “H” podría practicar el contrabajo bajo la sombra de un algarrobo centenario mientras nos bronceábamos al sol y practicábamos la natación en las cristalinas aguas del Mediterráneo, y todo ello en un ambiente familiar y amigable.

Yo viajé a la isla una semana antes para poner la casa en orden y apalabrar algunos bolos fijos. Cuando llegó “H” tenía cara de éxtasis, y como no estaba tocando el dijeridooo, deduje que se había enamorado otra vez. Efectivamente, en el “ferry” había conocido a una chica de enorme belleza e inteligencia, dotada de unas incomparables dotes artísticas y enorme sensibilidad..etc. además me conocía, a mí ???

(continuará)

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